Padre Richard y padre Bertrand, msc.

Introducción

A propósito de la muerte de los venerables y valiosos sacerdotes Richard Bencosme y Bertrand Lessard, MSC., queremos recoger datos y aportes de sus vidas, con escritos de la autoría del padre William Arias, Anthony García y Amaurys Rodríguez.

1. Monseñor Richard Bencosme, hombre de la Palabra de Dios
“Conocí a monseñor Richard Bencosme por primera vez, precisamente en un curso bíblico. Eran mis primeros años de seminarista mayor, y el hoy monseñor Vinicio Disla, en ese entonces párroco de la parroquia de Licey, me habló de dicho curso, para que luego se lo impartiera a un grupo de jóvenes que le había pedido un curso de Biblia.

Me impactó mucho su oratoria, su forma fuerte y firme de decir las cosas y sobre todo, su sabiduría en cuanto al tema. Luego, en mis primeros años de sacerdote volví a compartir de cerca con él, en un Cursillo de Cristiandad, y ahí compartimos bastante y le expuse que me interesaría dedicarme más a los asuntos bíblicos, entonces él me manifestó cómo comenzó su itinerario bíblico en la hoy Arquidiócesis de Santiago.

Según él, en un encuentro de sacerdotes junto a mons. Roque Adames, antiguo Obispo de Santiago, alguien dijo que los católicos de Santiago estaban yendo a las Iglesias protestantes para que les enseñasen a estudiar la Biblia, a lo que monseñor Richard respondió fuertemente que eso no se debía permitir, y entonces mons. Adames le dijo qué se podía hacer, y allí él se comprometió a estudiar y dar cursos de Biblia para la gente.

Mons. Richard Bencosme era un apasionado de la Biblia y también de San Agustín, a quien siempre citaba en sus alocuciones y homilías, y leía asiduamente, pues tenía un bagaje intelectual envidiable y una disciplina en todo, la cual fue premiada dándole larga vida. Era un hombre recio, no solo en su forma de hablar sino al asumir las responsabilidades que le tocaron como sacerdote y trataba de transmitir lo mismo, pero también era un gran director de almas, excelente confesor y sabía apreciar a las personas por sus cualidades y servicios, obviando muchas veces sus defectos.

Su sacerdocio ha sido inspirador para muchos. Su fidelidad al ministerio muy apreciada; su labor docente y pastoral en la PUCMM, y su trabajo parroquial muy satisfactorio. El buen Dios sabrá premiar la labor de este servidor suyo que supo dar su vida por la extensión del Reino, mientras estuvo en este mundo, sobre todo en ese dar a conocer su Palabra, en ese hacer llegar, entender y comprender el texto sagrado, en hacer que la Biblia, el libro de la Palabra de Dios para su pueblo llegase a ese pueblo y lo hiciera suyo y a partir de ahí moldear su vida, ser Iglesia, y hacer visible el mensaje en el contenido.

Que el Señor le dé a Monseñor Richard Bencosme el premio de los justos de la Biblia y que nosotros los que seguimos en este mundo, como él seamos siempre hombres y mujeres de la Palabra de Dios, que la amemos y apreciemos, y sobre todo, que la llevemos a todos aquellos que la necesitan”.
Padre William Arias

2. Hasta Luego, padre Bertrand Lessard.
“El pasado día de 10 de febrero, víspera de la Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, el querido padre Bertrand Lessard, Misionero del Sagrado Corazón, retornó a los brazos del Dios y Señor de la vida. Su partida ha dejado entre nosotros los frutos abundantes de quien, como San Pablo, ha “corrido bien la carrera”. Sus más de 60 años de sacerdocio estuvieron marcados por una profunda vida de oración y la infatigable atención por la salvación de las almas.

¡Cuánta generosidad, cuánta entrega desinteresada, cuánto amor sin condición ni distinción hacia sus hermanos, los seres humanos!. A ejemplo de Cristo, el amable y fino amante de las ovejas, acompañó a su grey por verdes praderas y las guió hacia fuentes tranquilas. Sus manos, ungidas por el Santo Crisma el día de su ordenación sacerdotal, siempre estuvieron dispuestas y prestas a bendecir: al que nacía a la vida y al que partía de entre nosotros; al que acudía a pedir perdón a través del Sacramento de la Reconciliación, y a los que buscaban bendecir su amor en el Matrimonio.

El padre Bertrand fue un sembrador de esperanza y de buena nueva, de la mejor de las noticias: que Dios nos ama, que nos ha redimido con la muerte de su Hijo, y nos ha dado vida con su Espíritu. Su corazón fue semejante al de Cristo: abierto a acoger bondadosamente a todos, a los débiles, porque sabía que él también lo era, a los niños, a los enfermos y necesitados, y decidido a estar siempre disponible para todos.

La misa de exequias fue celebrada en la parroquia santuario Nuestra Señora de La Altagracia, de Santiago, y presidida por monseñor Valentín Reynoso, MSC, obispo auxiliar emérito de la arquidiócesis de Santiago, y concelebrada por decenas de sacerdotes.

Durante la homilía, monseñor Reynoso definió a Lessard como un “hombre de vida fecunda, generoso, leal, transparente, buen compañero, servicial y entusiasta”.

“Los pobres fueron prioridades en su vida pastoral, los niños fueron atendidos y acogidos por él a ejemplo de Jesús. Daba gusto ver con cuánta admiración y cariño acogía a los niños” afirmó el prelado.

El obispo auxiliar emérito, hizo mención, además, de seis amores que concretaron la vida del padre Bertrand: “ El Corazón de Jesús, la Eucaristía, la Virgen María, la oración, los pobres y los niños fueron sus amores”.

Con la certidumbre que nos otorga la fe en Cristo Resucitado, sabemos que el padre Bertrand Lessard ya goza de la dulzura de su Señor y disfruta de la mansión preparada a los que en esta vida mortal han servido con fidelidad, llenando sus manos de incesantes e imperecederas obras de amor y misericordia.
En conclusión: una vida así, una vocación así, bien merece ser celebrada y publicada en todos los medios posibles, sin adulaciones, como simple reconocimiento a una tarea desempeñada con dedicación y desinterés. Pero sobre todo, merece ser celebrada la acción de Dios, que ha querido realizar las maravillas de su amor por medio de este siervo suyo”.
Anthony García

3. Dos enamorados se nos fueron en el mes del amor
“En este mes de febrero 2020 se nos adelantaron a la casa del padre dos enamorados de la verdad, de la justicia, de la fe, sencillamente del Señor Jesús a quien siguieron desde muy jóvenes.

El primero, nacido en la villa heroica de Moca, abrazó la vida sacerdotal y desde la caridad pastoral e intelectual se convirtió en faro de luz en medio de las oscuridades de los hombres y mujeres de esta Arquidiócesis que fueron mil veces guiados, acompañados y aconsejados por su potente voz, que tuvo como principal tribuna a la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra: el Padre Richard.

El segundo vino de las frías tierras de Canadá, apenas pronunciando alguna palabra en español, para luego tener que reaprender el español del campesino cibaeño. La alegría que manifestaba en todo hizo que cada persona sintiera de manera especialísima la cercanía del Corazón de Jesús en cada hogar que fue tocado y bendecido por su ministerio sacerdotal: el padre Beltrán.

Ambos fueron dos enamorados del proyecto salvífico de Cristo. Ambos fueron fieles amantes de la Iglesia, del pueblo, de la gente. Estos dos sacerdotes supieron vivir su fe en medio del mundo con carácter profético, anunciando siempre todo lo bello y verdadero de la humanidad, y denunciado los males que nos afectan.

Richard y Beltrán salieron muy poco en la prensa, pues en la prensa solo sale lo contrario: las debilidades y miserias de quienes pierden el rumbo por no tener sus ojos fijos en el Señor.

Como cristianos cumplieron su misión. Fueron luz en medio de tantas oscuridades. Como sacerdotes serán siempre modelos a seguir por su fidelidad sin amarguras, su desapego al dinero sin complejos de pobreza, su vida casta sin santurronerías.

Los espacios áulicos de la PUCMM notaran por siempre la ausencia del P. Richard, sobre todo su amada pastoral juvenil universitaria, aunque él seguirá viviendo en la mente y el corazón de todos los jóvenes y adultos que se encontraron con Cristo por medio de él.

Los sagrados muros de la parroquia Nuestra Señora de La Altagracia sentirán por siempre la ausencia física del querido padre Beltrán, sobre todo los niños que junto a sus padres eran llevados por él al pie de la imagen de la protectora de los dominicanos, para que fuera ella quien se los presentara a Jesús y que él los bendijera. Pero también lo extrañaran tantas personas que se acercaban a él buscando una ayuda económica y nunca se fueron con las manos vacías.

Los dos fallecieron en el mes del amor. Y es que no podía ser de otra manera, pues ambos fueron enamorados fervientes de Jesús, que supieron ver todo lo humano desde la óptica y la lógica amorosa de Dios. Ellos seguirán siendo ejemplo vivo de dos corazones que conocieron el amor desbordante de Dios y pusieron en este amor inefable su ideal de vida.
Amaurys Rodríguez

Conclusión
CERTIFICO que los textos aquí expuestos fueron transcritos literalmente de las publicaciones realizadas por los autores mencionados.

DOY FE en Santiago de los Caballeros a los trece (20) días del mes de febrero del año del Señor dos mil veinte (2020).

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