Colección privada de arte de Fernando Báez Guerrero

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Para Báez Guerrero, ser coleccionista conlleva un gran placer y satisfacción y cada intento por adquirir una obra es un reto nuevo.
Esta compilación de obras va ligada directamente a la historia del arte en la República Dominicana

La colección privada de arte de Fernando Báez Guerrero revela una herramienta visual de la memoria artística del pasado y el presente de la República Dominicana. Y es que su compilación abarca más de un siglo de arte moderno y contemporáneo, en la que se destacan más de 1,300 obras, entre esculturas, pinturas en diferentes técnicas y tamaños, grabados, tallas en madera, entre otros estilos. Todas estas piezas son espaciales para Báez Guerrero, pues cada una de ellas tiene su historia.

Su afición hacia esta práctica inició a principios de 1986, hace 35 años junto a su principal consejera y confidente, su esposa Maris Nancy Tavares de Báez, “en un doble matrimonio, con ella y el arte dominicano”.

Nos cuenta que el primer cuadro que compró fue un pastel del artista Hilario Rodríguez, luego le siguieron de los artistas Elsa Núñez, Dionisio Blanco, Fernando Ureña Rib, Alberto Ulloa y Jorge Severino, aunque no recuerda el orden en que los obtuvo.

“Con mi experiencia de ser filántropo y numismático, había aprendido la primera lección sobre el coleccionismo, pues siempre recomiendo comprar los libros y aprender con la lectura”, manifestó Báez Guerrero, quien destacó que a partir de ahí continuó leyendo sobre la historia del arte dominicano, conociendo mediante la lectura a “fascinantes” artistas extranjeros que influyeron en la historia del arte dominicano como fueron George Hausdorf, José Vela Zanetti, Josep Gausachs, Mounia L. André, Joan Junyer, quienes se refugiaron en el país después de la Guerra Civil española a partir de 1939.

Es luego de ahí, cuando Báez Guerrero empieza a comprar obras de estos maestros, en su mayoría adquiridas en subastas fuera del país.

Cada obra adquirida fue un proceso de mucho trabajo, pues tenía que ubicar la pieza en cualquier casa de subasta alrededor del mundo y presentar credenciales apropiadas para que lo aceptaran pujar en dicho espacios.

“Para comprar una obra me tiene que gustar, porque al adquirirla es el inicio de una relación íntima con ella, ya que en su momento la tendré en las paredes de mi casa”, indicó Báez Guerrero.

Comentó que durante su trayectoria como coleccionista, ha contado con la asistencia de manera formal e informal de artistas y conocedores del arte que le han ayudado con sus consejos, como Mildred Canahuate, con quien mantiene una estrecha relación de amistad de casi 30 años, y fue quien le aportó la idea de presentar la muestra “Almas Latentes” en el Centro de Convenciones y Cultura Dominicana UTESA (CCDUTESA).

También recibe los consejos de su amigo de casi 10 años, el crítico de arte Abil Peralta Agüero, artífice de las exhibiciones que se han concretizado. Otra gran ayuda para el coleccionista lo es el crítico de arte y curador en jefe del Museo de Arte Moderno (MAM), Amable López Meléndez, así como alrededor de 100 artistas dominicanos, quienes se acercan a él con sus “geniales y depuradas” obras de arte para su adquisición.

Repertorio

La colección de arte de Báez Guerrero va ligada directamente a la historia del arte en la República Dominicana, pues en su repertorio mantiene obras de Mariano Eckert, Gaspar Mario Cruz, Paul Giudicelli, Julio Llort, Fernando Peña Defilló, Silvano Lora, Hilario Rodríguez, Plutarco Andújar, José Cestero, Justo Susana, Norberto Santana, Iván Tovar, Soucy de Pellerano, Miguel Estrella, Jorge Severino, Roberto Flores, Antonio Guadalupe, Dionisio Blanco, Fernando Ureña Rib y Alberto Ulloa, entre muchos otros nacionales e internacionales.

“Siempre me mantengo hurgando entre la historia del arte dominicano para adquirir obras de autores dominicanos o de artistas que hayan tenido algún impacto en la historia del arte dominicano”, manifestó el coleccionista, quien agregó que no tiene un tema específico para agregar a su colección.

Para ello, dedica dos horas diarias a buscar obras en subastas, a inscribirse, hacer pujas calculando la diferencia de horario en el mundo, pero cuando adquiere una obra es una “grandísima” satisfacción, más cuando sabe que principalmente está repatriando el arte nacional de vuelta a su país de origen.

Báez Guerrero recordó que su última adquisición fue el 10 de septiembre de este años 2020, un Cándido Bidó de 1967. Anterior a esa pieza, compró en España una escultura de Manolo Pascual.

Y es que para Báez Guerrero ser coleccionista conlleva un gran placer y satisfacción, y cada intento por adquirir una obra es un reto nuevo, pues ubicarla, que le guste y sea diferente a lo que ya tiene conlleva mucho trabajo y dedicación. Pero su mayor satisfacción ha sido lograr crearles a sus hijos Cristina, Fernando y Víctor José una pasión por el arte.

Colección

El coleccionista dominicano considera que una colección se hace para compartirla mediante acuerdos con museos o centros culturales y que la responsabilidad de un coleccionista es compartirla con los amantes del arte.

Como un aporte exclusivo de sus obras, la colección de arte de Báez Guerrero ha estado presente en varias actividades que se han hecho en el país, entre ellas la exhibición “Cien años de arte en la República Dominicana 1914-2014”, en el Museo de Arte Moderno, y luego pasó al Centro Cultural Perelló. Entre estos dos lugares, la muestra duró casi un año.

Otra muestra fue “Tributo a Ramón Oviedo” en el Centro Cultural Mirador en 2013, compuesta por más de 100 cuadros, dibujos y pasteles del artista.

“El mismo maestro Oviedo, mi amigo, se ocupó de ver los detalles de esta exhibición. Luego se pasó a exhibir en el Centro Cultural Perelló en Baní, donde duró cerca de 15 meses”, recordó el coleccionista, quien agregó que en 2017 en conjunto con el MAM presentó la exposición “Espejo de la Memoria”, que consistió en una retrospectiva de la maestra Clara Ledesma, la cual duró 6 meses.

A finales de 2019, en conjunto con el Centro de Convenciones UTESA en Santiago, se organizó la que ha sido la exhibición más importante de sus obras llamada “Almas Latentes” exclusivamente con obras de los artistas que llegaron refugiados de la guerra civil Española a partir de 1939.

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