La cultura y yo

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Desde muy temprana edad me he sentido atraída por la cultura, tanto es así que desde que aprendí a leer y escribir mis padres me inscribieron en la escuela de Música Mateo Cepeda, en mi Sabaneta natal. Desde allí fui familiarizándome con la lectura musical, aprendiendo sobre el pentagrama, las notas musicales, el ritmo, la melodía, la armonía, los matices, la dinámica, etc.

Podría decir que este fue mi primer encuentro con el arte, porque la música es eso: “el arte del bien combinar los sonidos con el tiempo”. Más adelante, empecé a plasmar mi visión del entorno, a través de las letras, ya que me empezaron a preocupar ciertas cosas, muchos no tenían motivación, les faltaba actitud, pero, sobre todo, sensibilidad; esa con la que naces, pero que a mi juicio desarrollas cuando eres sujeto o predicado de la cultura.

El tiempo fue transcurriendo y me percataba que aquellos elementos identitarios que conformaban la esencia de los pueblos se iban esfumando. Las actividades tradicionales no se organizaban con los mismos bríos, ya no se hacían las cosas con pasión, sino por interés y, es posible, que esto fuera afectando el resultado final.

En el trayecto, me he decepcionado bastante porque cuando me ha tocado estar fuera de mi terruño, quisiera encontrarme con las referencias de mi cultura, tal vez por medio de obras de arte, literatura u otras manifestaciones artísticas, sin embargo, y a diferencia de otros cuerpos diplomáticos, en nuestras embajadas el tema de la difusión cultural es nulo. No hay una política de Estado en relación a un tema tan importante como este.

Para promover lo nuestro no se necesitan presupuestos de lujo, sino voluntad, estrategia. Pongo como ejemplo Cuba, donde aprendí que no debes dar de lo que te sobra, sino compartir de lo que tienes, y sobre esta base he crecido. Debemos procurar dejar un legado. Hay que proteger lo que ya han hecho otros, es nuestro patrimonio, no permitamos que desaparezca en el tiempo. Valoremos nuestra cultura, así como es, rica y diversa, resultado de la simbiosis entre el aborigen y el europeo y, más tarde, el africano.

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