Mis notas sobre el maestro Gausachs

José Gausachs desarrolló una producción visual armoniosa, cargada de detalles e impregnada por un colorido enteramente caribeño. Estar en presencia de sus siluetadas figuras nos remonta a un espacio de luz indescriptible en el que la fascinación por lo femenino deviene en materia esencial para la configuración de sus obras.
Sus obras no se pueden atribuir a un estilo o movimiento en específico, puesto que supo ahondar por diferentes tendencias. Y es que, cada pieza es un reflejo de sus circunstancias, por tanto, se van a distinguir variaciones a lo largo de su carrera artística.

De igual modo se aprecia la aprehensión de todos los movimientos artísticos que se suscitan en su tiempo como son: el impresionismo, el cubismo, el dadaísmo, el surrealismo, el expresionismo hasta llegar al neo-expresionismo. Las absorciones de todos estos lenguajes traen como resultado una obra auténtica que le definirá siempre como un gran maestro del arte.

Para comprender el “fenómeno gausachasiano” hay que tener en cuenta que, a pesar de que el coleccionismo inició en La Española con las obras que acompañaron a don Diego Colón y doña María de Toledo, la academia de arte no se instaura de manera oficial en Santo Domingo hasta bien entrado el siglo XX. Así, porque la Escuela Nacional de Bellas Artes surge en 1942 de la que Gausachs será profesor y, más tarde, director.

Previo a la inauguración de la ENBA, se habían identificado algunos centros privados producto del esfuerzo de artistas criollos como Luis Desangles y la maestra Celeste Woss y Gil por citar dos ejemplos.

El escenario al que se adviene el maestro Gausachs se encontraba en ciernes, precisaba de una eficiente dirección para entrar a tono con el contexto artístico internacional.

Gausachs había llegado a República Dominicana huyendo de la España de Franco, pero con una memoria rica en detalles. Sus prácticas e ideales empezaron a fluir de inmediato impresionado por la luz del trópico, su colorido y la riqueza sincrética del espacio caribeño. La tez oscura le hechizó, inspirándole muchos sus mejores cuadros.

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