La voz de Hind Rajab

En los filmes vemos al protagonista. A diferencia de “La voz de Hind Rajab”, que se escucha. No es cine bélico, es sobre una llamada de auxilio de una niña de 6 años atrapada en un coche bajo fuego en Gaza, el 29 de enero de 2024. Mientras la Media Luna Roja Palestina intenta mantener el contacto con ella, movilizó una ambulancia y lucha contra el tiempo para rescatarla. Su nombre: Hind Rajab. Toma las grabaciones reales de Hind, y las cruza con actores que recrean a los operadores de la Media Luna Roja. El resultado ganó premios en Venecia y en San Sebastián. Es un thriller burocrático donde el horror permanece fuera de campo. No vemos el ataque, ni los cadáveres, ni el carro. Solo oímos. Y aquí está su hallazgo: Hind es una voz acusmática, alguien que habla sin ser vista. No es igual a fuera de campo: el fuera de campo es espacial —lo que ocurre fuera del encuadre—; la voz acusmática es sonora —quién habla sin aparecer—. La película superpone ambas: sabemos quién es Hind. Quedamos atrapados como los operadores: sólo se dispone de una voz y se debe imaginar todo lo demás. En el cine se ha hecho por separado: The Guilty (2018) usa un centro de emergencias y voces de ficción. Los documentales emplean llamadas reales, pero sin estructura de thriller dramatizado. Este filme lleva al extremo una tradición iniciada por “A Letter to Three Wives” (1949), donde una presencia acusmática organiza todo el relato. Este innova al transformar una grabación real en el núcleo de un thriller burocrático construido desde el fuera de campo. En la radio clásica se creaban espacios con voz aislada. La singularidad de este es reunir cuatro elementos que coinciden: voz acusmática real, documento histórico auténtico, horror fuera de campo y thriller burocrático en tiempo real. No es un documental ni ficción convencional. Es cine de memoria que convierte una voz real en personaje principal y que carga con todo el horror. En RD, lo vimos en La silla (1963), de Franklin Domínguez, que narra el horror del trujillismo con un solo actor y una voz. Documentales como El fotógrafo de La 40 rescatan testimonios inéditos. La diferencia: aquí las voces sobrevivieron, pero callaron décadas; en Gaza, la voz existe y no logra auxilio. El vínculo es humano: una sociedad no se cura si no escucha a sus víctimas por su nombre. En Netflix con ese título.

HHHHH Género: Drama. Duración: 85 minutos. Tema sensible: Guerra en la Franja de Gaza

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