El cine está cargado de filmes con tema de empleadas, o domésticas, o sirvientes como metáfora sobre desigualdad social. La alegoría nos retrotrae a emblemáticos filmes tales como The Servant de Joseph Losey, que muestra la manipulación y el resentimiento en la dinámica sirviente-amo. Roma, de Alfonso Cuarón, donde la sirvienta o doméstica es el eje que muestra una familia rota. La Ceremonia, de Claude Chabrol que muestra la confrontación violenta entre sirvientes y patrones. ¿Que horas ela volta? de Anna Muylaert repleto de sarcasmo sobre el discurso de que “la sirvienta es casi de la familia”. Una larguísima lista de filmes que retratan la vida al servicio de otro. Y en Parásitos asistimos a una mutua alimentación en un ciclo desigual con unos que viven de la riqueza del otro y el otro de la servidumbre que le proporcionan otros en un ciclo repetitivo de una radiografía feroz de clases en nuestras sociedades. Quienes habitan en lo alto de las riquezas son en verdad tan frágiles como los de abajo y de cierto modo esa dinámica de dependencia perpetúa desigualdades. En estos filmes la casa de los ricos y privilegiados es una metáfora de un sistema secular obsoleto donde los pobres se infiltran pero nada les pertenece en sociedad. Sí, los adinerados dependen de los sirvientes para sostener, para anclar su comodidad. Es así como el cine se convierte en espejo de una estructura social donde la servidumbre no es solo laboral: una forma de recordar que la movilidad entre clases está marcada por muros intangibles. La crítica más corrosiva de Parásitos es que la lucha de clases lejos de darse en términos abstractos, lo hace en espacios íntimos: la cocina, el sótano, la sala de estar. Allí se revelan las jerarquías, los gestos de desprecio y la indiferencia hacia el olor, la presencia o la vida de los otros. El desenlace sangriento parece un accidente narrativo, pero no, es la consecuencia forzosa de un régimen que enfrenta a los pobres entre sí, mientras los ricos permanecen blindados en su burbuja. En definitiva, el filme es solo un thriller social, y a la vez un manifiesto cinematográfico que coloca la servidumbre en el centro del debate sobre la desigualdad. Al igual que las grandes películas citadas obliga a mirar de frente la carga de esas relaciones domésticas y a dudar si la convivencia entre clases es posible sin que medie la explotación. En Netflix.
HHHHH Género: Thriller. Comedia negra. Drama social. Duración: 132 minutos
