The Irishman (2 de 2)

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Innovar en el lenguaje es reservado a directores con un alto sentido para describir espacios dramáticos en los que se puedan crear varias líneas narrativas manteniendo un alto control estético. Las tres líneas narrativas sindicadas por Robert De Niro, Joe Pesci y Al Pacino, cuentan que Pesci como Russell Bufalino es quien gestiona el buen tránsito colaborativo entre la mafia y grandes entidades empresariales, sindicales y del gobierno. Así es como recluta a Frank ´El Irlandés´ Sheeran, interpretado primorosamente por De Niro, a quien le descubre su competencia como sicario y lo coloca al lado del líder sindical Jimmy Hoffa, encarnado por el resplandeciente Pacino. Todos se deben a individuos superiores a ellos a quienes les sirven, tienen cheque en blanco para actuar en sus empresas mafiosas y obtienen total impunidad siempre que se arrodillen a instancias de un esquema de Poder. Los personajes son envueltos en una dinámica de nostalgia, del pasado de una vida de traiciones. Es un elemento importante porque esa añoranza justifica los vaivenes del presente al pasado con maravillosos flashbacks que no boicotean el normal ritmo de un montaje grácil, ligero y renovador del lenguaje. Como el filme tiene sus dimensiones dramáticas muy cargadas y bien delimitadas, la narrativa elegida fue el formato de crónica, como si El Irlandés estuviera rememorando un diario de vida. Y esto empieza en el inicio con el plano-secuencia de una casa de retiro de ancianos donde él vive, la cámara se acerca y él va contándonos –y así mismo termina con otra secuencia donde les niega la verdad a unos agentes del FBI, pero sí nos la cuenta a nosotros: su vida de aprendiz que asimiló con alto sentido del deber ante la mafia su rol de sicario–. Su crónica de su vida con su visión muestra la visión gansteril de la historia reciente norteamericana mientras Sheeran-De Niro da el pasaje del tiempo envolviendo su historia con los acontecimientos políticos y los gobiernos de Eisenhower, Kennedy, Johnson y hasta llegar a Nixon. La frase “oí que pintas casas” es una fábula sobre la conversión de su vida de veterano de guerra acostumbrado a matar, luego su trabajo como chofer sindicalizado y ladrón de poca monta hasta un golpe de suerte que lo convierte en todo un señor de horca y cuchillo. Pues bien, una de las particularidades que hace del cine un arte único es su capacidad para forjar y experimentar emociones y empatías como si surgieran del fondo de nuestra alma, y no, ¡es el sello del arte! En Netflix. l
HHHHH Género: drama épico. Duración: 209 minutos.

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