Desgracias en el seno de muchas familias dominicanas como las que destacan a diario las redes sociales y la prensa convencional sirven de argumento al escritor y cineasta francomacorisano Pedro Pablo García para la creación de Sara, novela realista en la que las muertes trágicas y la cárcel es el final de los protagonistas, estampa funesta de la sociedad dominicana en este enfermo siglo XXI.
Una realidad evidente en el impresionante relato de García es la crisis de la familia nuclear, inducida por las llamadas organizaciones progresistas, como parte de agendas internacionales. Sara es concebida por la relación de Soraya, de 17 años, con el estudiante universitario Elvis Fadul, quien trata de convencerla infructuosamente para que aborte el embarazo.
Fiel a sus convicciones cristianas, Soraya trae al mundo a Sara y la cría a espaldas de su padre biológico como hija única, con todos los privilegios de una familia de clase media establecida en Santiago de los Caballeros. Por su lado, Elvis también hace una vida de éxitos, se convierte en rector donde estudia Sara, quien despierta una obsesiva administración en Marlon, hijo del ejecutivo académico.
La provincia Duarte, de donde es oriundo García, es una de las que han tenido con más frecuencia dantescos sucesos intrafamiliares, como los narrados en Sara, con destreza estética digna de ser reconocida. Marlon junto a dos amigos, droga con pastillas de Éxtasis a la irresistible joven en ausencia de Soraya, la violan bajo los efectos de la misma droga psicodélica, y la dejan embarazada de trillizos.
Todo lo ocurrido con Sara fue subido a las redes sociales, la convirtieron en objeto de burla colectiva. La censura mayor surge de la madre, quien contempló completa en un video la sádica acción de los jóvenes.
Tanta presión encima de la inocente Sara se torna insoportable y pone fin a su vida. Sus progenitores, como si despertaran de un sueño, corren la misma suerte, mientras Marlon, en estado de locura va a purgar treinta años de cárcel.
La novela de García plasma una tendencia que la sociedad dominicana pensante debe tratar de revertir. Estamos a tiempo.
