Isabel Reynoso
Diseñadora de modas
Isabel Reynoso es una creadora en todo el sentido de la palabra, con una trayectoria en el diseño de modas de poco más de cuarenta años. Nacida en Nagua, llegó a la capital dominicana con el deseo de aprender y “armada” con una máquina de coser, que fue el origen de su primer emprendimiento hasta llegar a tener un taller de costura que llegó a emplear a veinte personas. Las telas, los hilos y las agujas fueron el universo donde desde niña se movió con la soltura de las personas que saben lo que quieren y, movida por la pasión que siempre le ha puesto a todo lo que hace, trazó una trayectoria que le valió reconocimientos en un ambiente donde el cambio es la constante. Hoy su nombre figura entre los referentes de la cultura dominicana del buen vestir.
¿Dónde nació usted?
Nací en Nagua, en la provincia María Trinidad Sánchez, desde pequeña, es decir desde los nueve años, me interesó el tema de la moda y el diseño, cuando yo era chica en todas las casas había una máquina de coser en cada casa, recuerdo que el entonces presidente Balaguer tenía el proyecto de dotar de una máquina a cada ama de casa. En esa época mi mamá iba donde una modista llamada Daysi, y yo, por indicación de ella, terminé yendo a la casa de esa mujer, y me apasioné tanto con la costura que me fui a vivir a esa casa, porque yo quería estar involucrada en todo el proceso de la confección.
¿Cómo fueron sus años de bachillerato?
Para los tiempos del bachillerato yo ya tenía una máquina en mi casa, eso me permitía ganar algo como para pagar un buen colegio, porque yo tenía el proyecto de venir a la capital y estudiar en la universidad y, además, instalarme en Santo Domingo.
Y finalmente vino a la capital
Claro, y me traje mi máquina, recuerdo que la cargamos en una guagua de pasajeros, el proyecto era trabajar aquí para proveerme del sustento, pagar el alquiler… en fin, trabajé en varios talleres de costura, yo siempre buscaba talleres donde pudiera aprender un poco más. Yo quería estudiar sicología, pero el gusanillo del diseño estaba ahí, en esa época ser modista era un oficio normal, una mujer que hacía costuras, nada más, así que me decidí por estudiar diseño de modas, y me dije a mí misma que iba a ser buena en eso.
¿Y dónde estudió diseño de modas?
Estudié con la profesora Farah Cabrera, en la Universidad Mundial Dominicana, que era la única donde se podía estudiar eso, tuve la oportunidad de trabajar también con una diseñadora española que se llamaba María Helena Perdomo, una persona que trabajaba en ese taller de María Helena me llevó cuando hubo una oportunidad, y cuando yo ví todo ese ambiente de alta costura, esas telas finas, de encajes y alforzas de lino, en ese entonces se trabajaba mucho con la estopilla, así que tuve la oportunidad de trabajar y estudiar en ese taller, y muchos clientes importantes de ella me tomaron en cuenta porque veían la delicadeza y la pasión con la que yo trabajaba, así que cuando me gradué en una licenciatura en arte y diseño de modas ya tenía una base de clientes, en ese momento me casé con Manuel Almánzar, y decidimos emprender, empecé haciendo no grandes cosas pero sí trabajaba en costuras porque en ese momento todo se cosía en casa o el taller.
¿En qué año usted se casa y luego decide emprender?
Eso fue en 1985, yo había conocido antes a mi esposo, vivíamos los dos en Gascue, él es mocano, nos conocimos en un colmado donde yo iba a comprar mi almuerzo y me llamó la atención que él dijera un “sanantonio”, yo le pregunté que cómo era eso, y él me dijo que en Moca había un pueblo que se llamaba así y yo muy tontamente le creí… tuve después a mi única hija, en 1988, Mabel Almánzar, que es chef, y tenerla fue una bendición.
¿Cómo es su método de trabajo?
Yo decidí en principio que iba a trabajar con mis propias telas, nunca hago un diseño antes de conocer la tela con la que voy a elaborar las prendas, yo iba a Nueva York y me traía los restos de las telas que usaban diseñadores como Cocó Chanel, Miu Miu, Óscar de la Renta, Armani y otros, y se las ofrecía a mis clientes. Para mí la tela es lo que determina el tipo de confección que voy a hacer, que es según el propósito y la actividad en la que se va a emplear, hay mujeres que me piden diseños ejecutivos, también para embarazadas en una época en que mis clientas se fueron casando y se embarazaban, esa marca que lancé tuvo un gran auge.
¿Le tocó vestir a figuras de la televisión?
Oh, claro, en esos tiempos muchas mujeres que tenían programas usaban nuestras prendas, como Mariasela Álvarez, Georgina Duluc, Dolphy Peláez, y eso representaba una publicidad para nosotras.
¿Ganó algún premio?
Sí, en esa época Corporán tenía un programa muy visto en el país, y él siempre nos reconocía, además ganamos también algunos premios en Miami, durante un tiempo nos tocó trabajar con la que en ese entonces era la primera dama, la doctora Margarita Cedeño, eso hizo que no solo yo, sino también muchas diseñadoras dominicanas nos diéramos a conocer.
¿Es un desafío hacer un traje de novia desde el principio?
Bueno… es un proceso realmente, primero se hace una reunión con la novia, que casi nunca viene sola, siempre viene la mamá, una o dos tías, a veces la abuela, se habla de cómo quiere verse ella, según el aspecto físico se sugiere algún tipo de tela, ahora tenemos la ventaja de que hay estilistas, que son los que sugieren diseños y eso nos da la ventaja de que nos ponemos en contacto con nuevas tendencias, antes había que hacerlo todo a mano, ahora ya se pueden comprar muchas cosas hechas, pero siempre es un trabajo que requiere mucha atención.
¿Usted continúa trabajando?
En este momento ya he ido delegando, trabajamos con citas previas y para eventos especiales, me dedico más bien a cumplir con la familia, tengo también la marca de bufandas dominicanas, a la que dedico más tiempo… no tuve la suerte de que mi hija se inclinara por el diseño de moda, sino más bien por el diseño de comida, ella es chef, así que después de cuarenta años de trabajo estamos ya tomando las cosas con más calma, pero no he dejado de trabajar. l
