Soy cristiana, soy afrocaribeña, soy feminista, soy escritora

Yahahira de la Cruz Meza
comunicadora y poeta

¿Cuál es el trabajo que actualmente estás desempeñando en el Cipaf?
Trabajo en dos de los programas más importantes de la institución uno es un programa STEM, de clubes de chicas, para cerrar la brecha digital y el otro es un programa de Comunidades Seguras que está abordando la violencia en los espacios públicos contra las mujeres (STEM es una sigla que significa ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) se trata de clubes que brinda apoyo para el cierre de la brecha digital de género.

¿Hay menos mujeres que hombres en la tecnología digital?
Sí, por varias razones las mujeres son menos produciendo y desarrollo tecnología. En 2009 CIPAF hace una investigación donde se evidencia la percepción del profesorado de que los varones, naturalmente, eran buenos en tecnología, ciencias y matemáticas, y que, a las chicas, naturalmente, no les gustaba o no tenían interés y empuje para esas áreas y que según ellos eran mejores en historia, en lengua y arte. La investigación demuestra que esa percepción no está basada en datos, que los resultados de las Pruebas Nacionales demuestran deficiencia generalizada en asignaturas como las matemáticas. En 2010 se hicieron campamentos en siete escuelas de Santo Domingo Este, y cuando se les dio a las niñas informática, robótica, por ejemplo, respondieron favorablemente a los contenidos.

¿Cómo te defines o cómo te percibes a ti misma?
Soy cristiana, soy afrocaribeña, soy escritora, soy madre tengo una hija de quince años que es lo mejor que me ha pasado. Soy un ser en construcción permanente.

¿Cómo te interesaste en la tecnología?
En realidad, estudié comunicación social hace muchos años. La comunicación no es lo que era en ese momento, el auge de la tecnología y en específico de la Tecnología de la información la comunicación, TIC han impactado considerablemente el que hacer profesional eso me ha hecho verlo más allá de la carrera. En 2019 yo coordinaba en la iglesia en la que me congregaba grupos de adolescentes y me tocaba darles talleres y charlas en las que pudimos abordar el juego, eso me llevó a explorar juegos y los entornos digitales con una mirada más crítica pensando en los más apropiados para adolescentes. En ese momento el CIPAF estaba buscando a alguien que tuviera experiencia con esa población. Recuerdo que hablé con la directora, la señora Syra Taveras Pineda que me explicó a grandes rasgos lo que la institución hace a través del programa de clubes de Chicas STEM y pude ver que coincidía en algunos aspectos con el trabajo que de manera comunitaria yo había estado haciendo. Desde entonces hemos estado trabajando para que más chicas se interesen en la producción y desarrollo tecnológico y abordamos el problema de que las niñas y adolescentes se expongan en juegos cibernéticos y otros entornos digitales, donde también hay violencia. Me invitó a formar parte del equipo, y hasta ahora hemos hecho cosas interesantes.

¿Cómo es ese trabajo?
Estamos utilizando una herramienta llamada Educomunicación que utiliza las TIC y los medios tradicionales para abordar con las chicas problemas que les afectan, con ese contenido se hacen productos de comunicación que desarrollan ellas mismas. Últimamente hemos estado trabajando en la prevención de las uniones tempranas, el uso de las redes sociales, hacer fotografías y videos sin comprometer su integridad.

¿Cómo empieza tu relación con la poesía?
Como dije, yo estudié en una escuela de monjas, y tenía dos amigas, -Agustina y Juana, que intercambiaban unas novelitas de unas colecciones que se llamaban Jazmín y Arlequín, había un señor que pasaba por el barrio y se llevaba las que habían leído y les dejaba otra, yo las escuchaba en los recreos que ellas comentaban esas cosas que habían leído. Un día un profesor faltó a clase y yo me puse a leer una novelita de esas, me atrapó la forma en que describían las emociones y los espacios, después fui pasando a otras lecturas y así llegué a la poesía. Comencé a escribir diarios primero, estuve una vez en la feria del libro de 2009, cuando se hacía El cafecito literario, donde las chicas y chicos leían sus poemas y desde entonces sentí esa inquietud de publicar.

¿Cuáles son los escritores que más te gustan?
La forma en que García Márquez describe los espacios me hace sentirlo, me gusta el descaro con el que Vargas Llosa aborda temas como la sexualidad y su forma de escribir hace que me cuestione como escritora, y la poesía de Pablo Neruda también…

¿Qué significó la maternidad en tu vida?
La maternidad conlleva un sacrificio, más que económico, de las emociones y del tiempo, pero a la vez también te permite usar esas emociones como materia prima para producir, y dentro de mi obra hay un poquito de lo que representó esa depresión posparto, que gracias a Dios pude reconocer. Tuve un apoyo familiar y de mis amigas que fue impresionante, y de Dios, sobre todo, para reconocer que todo lo que estaba sintiendo en ese momento era un proceso biológico, natural, y pude en algunos momentos utilizar esas cosas que estaba sintiendo para escribir, pero eran momentos muy cortos porque la maternidad te ese tiempo que necesitas para la producción literaria.

¿Qué consejo les darías a los jóvenes que sueñan con publicar su primer libro?
Que sigan escribiendo y que no tengan miedo, que publiquen. Yo comentaba en la puesta en circulación del libro que lo más arriesgado que yo he hecho, que recuerde, es enviar ese correo con el manuscrito a Poetas de la Era. Lo peor que te pueden decir es que no, que no gusta, y solo hay que volver a él y si entiendes que le puedes hacer mejoras, pues hay que hacerlo.

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