Fuñendas de Cestero en época de Lilís

Caricatura de Julio Cestero, de Mercader.
Asimiló sus ideas quijotescas del colegio San Luis Gonzaga, dirigido por Billini

Cuando Tulio gritó por primera vez, a los cinco segundos de nacer en 1877, Buenaventura Báez ejercía su tercer mandato como presidente de la República (primer mandato de 1865 al 66, segundo de 1868 a 1874 y tercero del 76 al 78) en momentos difíciles porque los restauradores no sabían ni podían retener el poder. Ni siquiera Gregorio Luperón (presidente de 1879 al 80) aguantaba el fuete de las guerrillas que tumbaban al más serio.
Hasta que llegó Meriño y su general Heureaux y su “Ley San Fernando”, o lo que era igual, “a Dios rogando y con el mazo dando”.

La ventaja que tiene el escritor sobre el resto de seres vivientes, incluyendo a los humanos y las jirafas, es que puede inventarse las vidas que quiera a su justo gusto y medida por aquello de que “el papel lo aguanta todo”. Y Tulio Manuel, escritor mediocre, se inventó su historia en los pantalones de Antonio Portocarrero porque él no tuvo los suyos bien puestos para enfrentar “la dictadura de Lilis”. Muy diferente a su padre Don Mariano, un seguidor de Báez, y a quien le costó el exilio luego de su apoyo a Casimiro de Moya y su derrota en 1886.

Don Mariano fue el Ministro de Hacienda y Comercio de Ulises Francisco Espaillat y luego, siendo interventor de Aduanas del Gobierno de Meriño (1880-82) le renunció cuando este promulgó la Ley arriba mencionada en 1881.

Aunque Tulio, sancristobalense, había crecido en ese ambiente, fue el Colegio San Luis Gonzaga, dirigido por el Padre Billini, el que le inculcó casi todas las ideas quijotescas. Ese Colegio San Luis Gonzaga es el viejo ubicado en donde está el Billini Hotel de la Padre Billini, no el que estuvo por los lados del Jaragua.

Los libros de Antonio Portocarrero, en el sueño de Cestero que se veía como cónsul de alguna ínsula, fueron la dosis de locura que le llegó de los dos tomos de “El Consulado y el Imperio” de Adolph Thiers de antes de 1923, “Les Mystères de Paris” de Marie-Joseph“Eugène” Sue publicado en 90 capítulos y en dos tomos desde 1842 al 43 y “Les Trois Mousquetaires” de Alexander Dumas, quien cuenta la historia de un joven, D’Artagnan, y los tres mosqueteros Athos, Porthos y Aramis. Un quinto es Cestero que se une a ellos para servir al Rey Louis Xlll con el lema “uno para todos y todos para uno”.

En otra le cogió con ser ingeniero agrónomo y un experto en comercio luego de leer un “Tratado de Agricultura” de 200 páginas. Su recorrido por La Vega con el general Francisco Gómez Moya, Ministro de Guerra y Marina a lomo de una vieja mula, como un Rocinante. Ese viaje lo hizo años después de que asesinaran a Lilís en Moca en el que participara el psicópata Jacobito de Lara junto a Mon Cáceres. Se sabe que Jacobito mató a su novia y luego se suicidó. El sicario perfecto para el magnicidio.

La publicación de su libro “La Sangre” se hizo en el 1913, catorce años después del asesinato del Presidente Heureaux, “amigo” de Don Jacobo de Lara, padre del asesino y ubicado en la calle Colón esquina 26 de Julio de Moca donde el Ministerio de Cultura le erigió un museo a Jacobito para vergüenza de la Historia.

Todavía hoy día hay sociólogos, historiadores y periodistas que siguen llamando “fundamental novela” a “La Sangre” cuando ya se sabe que Tulio escribió un panfleto largo para desquitársela de Lilís por haberle negado el consulado parisino y por el odio racista que sentía por el colaborador de los mambises cubanos de Antonio Maceo. Todos los historiadores anexionistas y adulones de España se ensañaron contra Lilís y ensalsaron al recuero de Mon que resultó ser un déspota cruel como lo demuestra la creación de su odiosa guardia.

En muchas páginas de “La Sangre” aparecen expresiones racistas como esta: “negro que sabe latín, se vuelve loco”. Pone en boca de personajes de la novela sus descargas racistas contra “el odiado presidente” que no le dio su bequita. “¡Abajo el negro mañé!” se lee en un supuesto graffiti escrito con carbón en una pared y, claro está, no faltan elogios a los españoles blancos:
De la página 35 sacamos esta joya:

“-¿Y qué tal era el cabo?
-Un güen mozo como toiticos los españoles…”
En la 77 se lee:

…Y la negra juntó los dedos cabezones y los besó expresando de ese modo su deleitación por los últimos conquistadores…”
Es obvio que “La Sangre” no puede ser una lectura de la enseñanza escolar como tampoco podría serlo “La muerte del Chivo” donde se eleva a “prócer de la democracia” a Joaquín Balaguer. Y uno se tiene que preguntar, ¿lo habrá leído algún ministro de Educación? Me refiero a los que saben leer.

A continuación, copiamos una cartita de Tulio Cestero en los años en que el General Ulises Heureaux gobernaba y que como magia cíclica vivimos y revivimos. Decía esa cartita, que nadie quiere publicar y que apareció en la página 493 del “Cancionero de Lilís” de Emilio Rodríguez Demorizi en la primera edición de Editora Caribe de 1962. El periodista Miguel Emilio Alfau alias Juan Sinsonte al publicarla le agrega unas notas picantes al final a modo de burla y que fueron la delicia de la época. La presentamos tal y como aparecieron en el libro:
Caracas, enero 18 de 1899
Sr. Gral. Ulises Heureaux
Presidente de la República
Santo Domingo.

Estimado General y amigo:
Pude al fin, a grandes empeños realizar mi viaje y me es grato ofrecerme a sus órdenes, con la esperanza de que he de tener medio y ocasión propicia (1) para demostrarle mi gratitud (2) y mi amistad. Por hoy puedo asegurar a usted que he de empeñarme en desvanecer los conceptos erróneos que de los hechos y la política de su Gobierno se tienen aquí y que ninguna propaganda revolucionaria o manifestación injuriosa contra usted tendrá lugar, sin que yo produzca la debida contestación (3).
Abrigo el propósito de publicar mensualmente en el periódico oficioso “El Monitor Liberal”, una revista que informe favorablemente de todos los actos del Gobierno y de los progresos del país (4). Días antes de mi salida le manifesté la necesidad que tenía de unos minutos de conversación con usted y como sus poderosas ocupaciones estorbaran el logro de mi deseo, (5) aprovecho esta ocasión en la seguridad de que esta carta, aunque larga será leída con atención y agrado (6).

General, dedicado a la Literatura (7) y con temperamento e inteligencia favorables (8) deseo vivir algún tiempo en un medio donde pueda hacer de esta afición una carrera (9) y haciéndome una personalidad grave, (10) pueda contribuir a la cultura y progreso del País (11). He probado con mi modesto libro “Notas y Escorsos” que soy capaz de realizar un empeño noble y aún otros mayores (12).

Así pues, General, deseo y solicito de usted protección, para estudiar dos años en París (13). Sé que la situación económica del Gobierno no es holgada, pero si usted quiere no han de faltar medios (14). Haciendo mi porvenir tendrá usted un amigo leal y una pluma devota.

El Gobierno podrá enviarme a París, sino como estudiante como Vicecónsul o Canciller del Consulado, (15) con un sueldo de 300 francos (16). Allí no sólo he de estudiar, sino que, con ese encargo, habré de hacer cuanto sea posible para contribuir al adelanto del país y al sostenimiento de la política de su gobierno.
Espero que usted siempre generoso amigo mío, no defraude esta vez mis esperanzas y cual que sea su contestación la reciba en breve. De su muy
TULIO M. CESTERO
Dirección: Hotel “León de Oro”.

Notas

1- Aquí, como sucede siempre que escribe el autor de esta carta, ha pagado el pato la gramática.

2- Hola! Hola!

3- Este parrafito como muestra de refinado servilismo no tiene precio. Y eso por hoy, que mañana… misericordia!

4- De buena lata se libraron los lectores de “El Monitor Liberal”. Sobre este punto, han sido menos afortunados los lectores del LISTÍN.

5- Diga usted mejor que el general le dio con la puerta en las narices. Sea usted franco, por Dios!

6- Y si yo le digo a usted que Lilís puso al dorso del original de esta carta, con su puño y letra, estas soeces palabras: “fuñendas de Tulio Cestero. Un poco de tente allá”.

7- Por desgracia nuestra. Ojalá se hubiera usted dedicado al suicidio. Aún hay tiempo, señor Cestero. Péguese un tiro y déjenos en paz.

8- No, y lo que es el mocito no puede ser más modesto. Adiós inteligente!

9- Pobre joven! Tan Tulio, y ya loco!

10- Eh? Personalidad grave? Con qué se como eso?

11- También benefactor, gracias, muchas gracias.

12- Pero eso va de veras, señor Cestero. Luego usted cree que con el tal libraco ha puesto una pica en Flandes? Porque para mi tengo que con la publicación de ese adefesio que se llama “Notas y Escorzos” sólo nos ha revelado usted sus felices disposiciones para escribir volapuk.

13- Oh! París! Y pensar que si a Mon no se le ocurre pegarle un tiro al General, estaría usted a estas horas tongoneándose muy ricamente en los palacios de la Exposición! Yo le doy mi pésame, señor Cestero. La cosa vale la pena créalo usted.

14- O lo que es lo mismo: “Yo sé que el Gobierno no tiene un medio, pero robe usted un poco más a la Hacienda Pública, y yo voy a París”.

15- ¿Un Vicecónsul o un Canciller sin bigote? Está usted loco? Con que sin estar usted en la Cancillería ni en el Viceconsulado de París, nos llaman los franceses orangutanes! Figúrese!..

16- Ya apareció aquello. Aquí, lector, se hace la meditación.
Por la copia y por las notas,

JUAN SINSONTE

Es por esto es que hay muchas manchas en nuestra historia como insistía Guido Riggio cuando escribió su ensayo sobre Duarte, por la adulonería, como categoría histórica y que se ejerce sin el mínimo pudor como si fuera un talento.

Son muchos los aspectos que hay que considerar para entender la Historia y el psicológico debe ser puesto en los primeros planos. El otro es la verdad de la documentación, no el servilismo y subjetividad interesada en defensa ciega a España, Trujillo, Balaguer, Leonel, Danilo o Abinader.

El resentimiento de Tulio lo llevó a claudicar del profesionalismo periodístico para venderse como una bocina de quien pagara más, cosa que no ha cambiado hoy si vemos el ejército de periodistas al servicio del Gobierno o los comentarios sobre las vacunas y sus defensores y detractores sin importarles la suerte de la Humanidad, como se manifiesta en Argentina, por pura politiquería.

En el breve gobierno de Carlos Morales Languasco (1903-05) Tulio consiguió la anhelada botella “para dedicarse a la literatura” y a defender el Gobierno que se la daba. En verdad los gobiernos debieran asignarle un apoyo seguro a escritores y artistas para que realicen su obra y no el humillante “carguito” diplomático que encumbre botellas de alto copete para parásitos que al final no escriben nada y no realizan ninguna obra pictórica (con escasas excepciones). Muchos, en los mejores de los casos, se dedican a publicar “recopilaciones” de “escritores olvidados”, excusa perfecta para justificar la vagancia y la vida de privilegios inmerecidos.

Tulio publicó en1935 “César Borgia” cuando empezó a disfrutar del privilegio de la Diplomacia en tiempo de Trujillo, lo que se prolongó hasta el momento en que cayó en el sueño eterno, en 1955.

Es fácil confirmar la falsedad de Tulio y su “esfuerzo patriótico”. Si “La Sangre” fue esa gran denuncia contra la “dictadura de Lilís”, ¿por qué no escribió un segundo tomo, “La Sangre ll” denunciando la barbarie de la tiranía de Trujillo? Es obvio que Tulio fue una bocina de La Era, “una pluma“ vendida y un vulgar diplomático “para defender el progreso”.

Cuando tengamos funcionarios con formación profesional (léase que piensen en el bienestar de la gente y no en los rejuegos para enriquecerse) y conocimientos de nuestra historia, nuestra cultura e identidad, entonces “La Sangre“ no llegará hasta el río.

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