El Caribe rinde homenaje a Juan Marichal con esta serie de 16 entregas sobre, quizás, el juego más famoso de las Grandes Ligas
10° INNING
(T1) Spahn al bate. Con 42 años, el doble de lo que indica su uniforme, Warren Spahn conserva una energía propia del que siente una gran pasión por el juego. Es la misma pasión que llevó a Guayubín a insistir en subir a las Mayores, a pesar de tener la edad que hoy posee el rival de Marichal. Es la misma pasión que mostró Satchel Paige cuando firmó con Cleveland el 20 de agosto de 1948, con 42 años, para ganar su primer juego frente a los Medias Blancas por 1-0 frente a 78,382 aficionados (un récord de asistencia a un juego nocturno que todavía se mantiene). Terminó su primera temporada con récord de 6-1. Ese año los Indios ganaron la Serie Mundial.
Spahn es un bateador sumamente peligroso. Al terminar su carrera registró 35 jonrones, por lo que pertenece a un grupo muy reducido de píchers que han sacado la pelota más de treinta veces.

Marichal no se descuidó a esta altura del juego que se fue a extra inning y Spahn podía soltarle otro doble que sería mortal. El primer lanzamiento fue una recta afuera que el ampaya cantó strike. A Spahn no le gustó y le tiró a la segunda entrega, pero solo logró un fao hacia atrás que Bailey persiguió en vano. Después de ajustarse bien la gorra, Marichal levantó la pierna; la pelota venía hacia el bateador quien la vio clarita como para chocarla, le hizo swing para desaforrarla, pero justo frente a él la pelota bajó y el bate pasó liso… ¡Ponchao! Desde Radio Universal se oyó el anuncio “no se ponche, tome ponche Crema de Oro”, un ponche que Spahn, seguro, no conoció nunca.
(T2) De nuevo la batería fuerte de los Bravos. Maye al leño, ahora menos sonriente que las veces anteriores porque, más que cansancio, enfrentaba la presión de ganar a toda costa. Es lo que ocurre cuando el juego se va más allá de los 9 innings. En el béisbol moderno, hace rato que los dos píchers habrían sido sustituidos, aunque hubiesen demostrado dominio y control. Todavía estamos en la etapa en que los lanzadores se batían a muerte. Carl Hubbell, de los Gigantes de New York, lanzó 18 innings. Hubbell, coincidencialmente presenció este juego. Fue de los poquísimos lanzadores que levantaban la pierna. Esa partida fue memorable por la blanqueada que les dio a los Cardenales de Saint Louis y porque en los 18 innings no dio ni una sola base por bola. Era también un 2 de julio, pero de 1933 y al equipo rival le permitió 6 hits. James “Tex” Carleton aguantó 16 innings sin permitir carreras y luego fue sustituido por Jesse Haines, quien perdió. ¿Se repetiría ahora lo mismo? Maye, con cuenta de 1-2, sacó un rolincito a primera y fue siquitrillado sin asistencia del pitcher. (T3) La misma suerte para Bolling, quien murió con otro rolin al siore. Cepeda se encargó de rematarlo en la primera. “Se fue la entrada a golpe de conga 1-2-3”, repetía Buck Canel.


(T1) Bailey se apuró a quitarse pechera, rodilleras, y careta y apenas hizo un par de swings con el paquete de bates antes de presentarse en el home. El papel del quécher en el juego es fundamental. Entre él y el mánager orientan un alto porcentaje del juego; conocen mejor que nadie a los lanzadores y sin ser grandes toleteros deben su buen desenvolvimiento a esta destreza de descodificación. Indudablemente que Josh Gibson fue el más destacado, sin haber jugado nunca en la liga de los blancos. Dio más jonrones que Bond en una temporada (84) y de por vida 962. Yogi Berra de los Yankees fue un maestro detrás del home, aunque es más recordado como mánager y como filósofo. Bailey se desempeñaba muy bien con San Francisco, aunque frente a Spahn estaba neutralizado. Después de tres faos consecutivos, bateó un rolin directo a la segunda. Cayó vía 4-3. (T2) Alvin Dark, entonces, decide quitar a Devenport y jugársela con Conie Bowman. El 21 contra el 21. Bowman de 27 años enfrenta al gran Warren Spahn. Al primer lanzamiento le conecta una línea de hit por el left field que intenta prolongar en tubei pero casi a media base frena y se devuelve con la misma velocidad con que dobló por la primera, y si no se desliza, lo cazan. (T3) Hiller, con solo un out y la carrera del triunfo en las piernas de Bowman. Dos bolas malas ponen el juego en tensión. El ampaya ayudó a aumentarla al cantar el tercer lanzamiento como bola a pesar de haber pasado por el mismo centro del home y a la altura de la ruta de los strikes. Tres malas y Bowman en primera. Un roletazo por la primera en lo profundo. De primera a segunda, con asistencia del siore elimina a Bowman. (T4) Hiller en primera y Marichal al bate. Marichal dio cuatro jonrones en sus 16 años de pelotero, uno este año, otro en el 66 y dos en 1971. Al primer lanzamiento Marichal suelta un cañonazo por el siore que levantó al público. Con un esfuerzo final, McMillan se tiró hacia su izquierda y logró atrapar la bola. Con un gesto desesperado se la pasó a Bolling en la segunda para forzar a Hiller, que nada pudo hacer para impedir el out. Cierre del décimo. Un borracho que pasaba por la avenida Hermanas Mirabal de Santiago le preguntó a Chichí Patica que cómo iba el juego, y este le dijo que “cero a cero ganando San Francisco”. En La Habana también se escuchaba el partido.
(Escrito sin Inteligencia Artificial)
