Los 16 innings de marichal que estremecieron al mundo (II)

El Caribe rinde homenaje a Juan Marichal con esta serie de 16 entregas sobre, quizás, el juego mas famoso de las Grandes Ligas.

2° INNING Cuando Marichal salió del dugout hacia el montículo, saltó la línea blanca de cal que une el home con la primera y pensó en Bombo Ramos y la forma que obtuvo su victoria en Montecristi contra un selecto de Santiago. Eran días difíciles; pero ese día volvió el Quijote a ejercer su magia y Marichal decidió que sería lanzador y no siore. (T1) Al ver, en el home, al primera base de los Bravos, Norman Larker, Marichal siguió pensando en la blanqueada que sufrieron los santiaguenses frente a Bombo. Era 1947 y Marichal inició su sueño de lanzador hasta ese momento en que, con cuenta de 2-2, recibió un roletazo por la tercera para sacar su primer out de este segundo episodio. Bombo no tuvo “la suerte” de Marichal, sus pañuelos rojos que le protegían de seres malignos y luases no tuvieron efecto el 11 de enero de 1948, cuando el avión que llevaba a su equipo se cayó en Río Verde (cerca de La Vega). ¿Cuántos jóvenes no llegaron a Grandes Ligas? ¿Pero realmente hay que llegar a Grandes Ligas para jugar y disfrutar de ese deporte? El propio Marichal cuenta con tristeza sobre la gran cantidad de jóvenes a los que les tuvo que decir que no, ya siendo un escucha de los Gigantes o de Oakland.
(T2) Al bate el center field Mack Jones, un muchachón de 24 años con apenas tres en las Grandes Ligas, ágil y fuerte, lo que le permite patrullar el jardín central con la misma gracia y soltura que Willie Mays. El primer lanzamiento fue una bola alta y la segunda, otra bola bajita y afuera. Luego de dos faos y con cuenta 2-2 Marichal le lanzó una recta pegada que sorprendió a Jones. Ken Burkhart, detrás del quécher, levantó el puño derecho para decretar el ponche. Jones miró las estrellas con una sonrisa irónica al tiempo que su cabeza se movía de lado a lado. Se retiró no sin antes mirar al ampaya de reojo y enfatizar su sonrisa de desacuerdo. (T3) Del Crandall apareció con el trabuco, lo que no impresionó para nada a Marichal. Este se tomó su tiempo buscando las indicaciones de Bailey. Con un movimiento ligero dijo que no, quizás para despistar a Crandall, quien era ya un veterano de la receptoría. Crandall se inició a los 19 años, en 1949. Esta era su temporada 12 quitándole el año 51 y 52, cuando hizo el odioso servicio militar. Lo asombroso es que muchos jugadores se alistaban de manera entusiasta. El deporte y la milicia eran vistos como dos oficios para ganarse la vida y a los 19 años las alas tienen que ser usadas. Es impresionante leer de los cronistas deportivos lo poco importante que es interrumpir la carrera deportiva para servir en el ejército. Y más impresionante aún es el hecho de que se piensa que entrar al ejército es como si se consiguiera un empleo cualquiera. Nadie cuestiona la maldad de entrar en un ejército que sirva para invadir otros países y donde muchas veces mata gente inocente, como “víctimas colaterales” de conflictos que ellos no entienden ni entenderán nunca, salvo si regresan con un brazo menos, sin cabeza u otra lesión corporal. No fue el caso de Crandall, quien luchó por no dejarse impresionar de la alzada de pierna de Juan Marichal. El primer lanzamiento parecía alto, pero a medida que se acercaba resbaló y cayó medio a medio en la mascota de Bailey. Con un strike Crandall se posicionó con más cuidado para esperar el tiro bueno que le permitiera darle un estacazo a Marichal. Este se tardó mucho en ponerse de acuerdo con Bailey, entonces le hizo seña de tanibol (time out), al ampaya, con la excusa de limpiarse los spikes dándoles unos golpecitos con el bate. Acechó bien el tiro del pícher y le dio un roletazo por el siore que recogió bien, pero le salió un piconazo hacia primera que Cepeda no pudo retener. Crandall se coló hasta segunda y apareció en la pizarra del center un error por Pagán. (T4) Este es un momento difícil para Marichal, a pesar de que hay dos outs. Un hit y Crandall puede anotar desde segunda. Es un pelotero que está en forma; sus 180 libras no son mucho peso para su estatura de 6’1’’ y su edad de 32 años. Lo que le reconforta a Marichal es que el bateador de turno no es peligroso: Roy McMillan. Aunque lleva ya 12 años jugando, nunca ha bateado encima de los 280. Bateó 272 en el 57 cuando jugaba para Cincinnati. No se podría comparar con Horacio Martínez que “si hubiera tenido menos elementos africanos tan obvios hubiese podido subir a las Mayores”, como dijera Rory Costello. Pero su actuación en la Liga de los Negros fue excelente y disfrutó tanto o más que si hubiese sido firmado. “El rabbit” no fue menos pelotero por no haber sido de Grandes Ligas. McMillan le tiró al primer lanzamiento de Marichal y sacó un fly (flai) al guante de Willie Mays. Marichal vio a Mays y sintió ese gran orgullo de jugar con alguien que siempre admiró. Él también empezó a recorrer ese camino de gloria, fama y vanidad que comenzó cuando jugaba para la Grenada Company, de la United Fruit Company por 18 pesos a la semana. Luego, muchos años después, y en un inglés casi perfecto, diría “If I hadn’t entered the Air Force, nobody would have known about me.” (Si no hubiese entrado a las Fuerza Aérea, nadie habría sabido nada de mí). No negaba su afán de fama, a pesar de ser un hombre sencillo. “Siempre recordaba la promesa que le había hecho a mi madre de ser un éxito en el béisbol”. Ahora era otro tipo de orgullo, sin tener que rendirle culto a Trujillo, sin tener que vanagloriarse porque el dictador lo viera jugar. En las Fuerzas Armadas, “de vez en cuando Trujillo aparecía para ver un juego y yo estaba pichando, pichaba bien”. (T1) Felipe muere con un fly, (T2)Cepeda da un hit y se roba la segunda. (T3) Bailey da un fly de sacrificio al center y Cepeda se mueve a la tercera. (T4) José Pagán da un fly para el tercer out.

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