Es una actividad religiosa cultural con más de 330 años de historia que inicia en Bayaguana, recorre las provincias Hato Mayor y culmina en el templo de la Basílica de Higüey
En la historia y en la cultura dominicana, los Toros de la Virgen se han constituido en la primera manifestación de este tipo en el Caribe, con un recorrido de los toreros que comienza el 10 de agosto a las 6:00 de la mañana desde la primera Estación en Bayaguana, coordinada por su comisario mayor hacia el santuario del Cristo de los Milagros.
Al salir de esta iglesia, la procesión llega a las 5:00 de la tarde a la Estación de la comunidad de La Sierra, en Hato Mayor del Rey, donde los toreros y los devotos de la advocación mariana disfrutan de una misa dedicada a ellos; el comisario mayor de esta estación, y su familia ofrecen un velorio, o vigilia de oración a la Virgen con cantos, plenas, salves y atabales hasta el amanecer. En esta cronología cultural, el 11 de agosto en horas de la mañana los peregrinos oran, cantan la salve a la Virgen y del Cristo, salen hacia la Estación de Las Guajabas, la número tres de la procesión que pasa frente a la Iglesia de Las Mercedes en Hato Mayor. Aquí se concentra la mayor caballería de jinetes y amazonas provenientes de campos y ciudades cercanas, seguidores de la más grande tradición celebrada en el país.
En Las Guajabas se celebra una misa, a cargo del director espiritual de la Hermandad de los Toreros, seguida de una vigilia con una noche de oración, meditación y cantos. Siempre los devotos visten atuendo de colores blanco y negro.
Para el 12 de agosto a las 7:00 de la mañana, los toreros y los peregrinos salen de Las Guajabas hacia la Estación 4 de Santa Lucía, en El Seibo, donde luego de una Santa Misa pernoctan en vigilia con oración, salves y atabales a la profusión.
Al amanecer del 13 de agosto, los toreros se dirigen a pie y a caballo desde Santa Lucía hasta la sección de Santana, pasan por el Cruce de Pavón, luego por El Bejucal, La Enea y El Guanito.
Las estaciones son asistidas con alimentos y medicamentos por devotos que llegan a las paradas y que tienen como destino la basílica de Higüey.
A seis kilómetros antes de llegar a Salvaleón de Higüey, en la capilla de la iglesia del poblado de Santana son recibidos por el director espiritual de la Hermandad de los Toreros, jornada seguida por una vigilia de oración y manifestaciones folklóricas que cesa cuando se asoman los rayos del sol por el oriente higüeyano.
En la estación de Santana se celebra un novenario de misas que es clausurado por el obispo que esté de turno en el templo de la basílica de Higüey.

Día de los Toreros
El 14 de agosto es el día señalado por los organizadores de esta actividad de origen católico para recibir los toretes en Higüey, acción que se ejecuta a las 8:00 de la mañana cuando los toreros se dirigen hacia el antiguo santuario de San Dionisio, recorrido que es capitaneado por los comisarios mayores de las estaciones de Bayaguana, La Sierra, Las Guajabas y Santa Lucía.
Una vez llegan a Higüey entran por la calle La Altagracia, se dirigen al santuario San Dionisio, al atrio donde son recibidos por el párroco que saluda a la multitud, y termina con la salve a la Virgen y la bendición a los presentes.
Luego los peregrinos y toreros atraviesan la calle Agustín Guerrero con dirección a la Basílica Menor Nuestra Señora de La Altagracia, donde son recibidos por el obispo de turno, en esta ocasión Jesús Castro, el rector de la Basílica y el director de la Hermandad de los Toreros.
Agotado todo el proceso cultural y espiritual, los toretes son subastado en las instalaciones de la Asociación de Ganaderos de Higüey (AGANI), que una vez terminada la subasta entrega los recursos a la Hermandad de los Toros y esta a su vez al Obispado de Higüey, que los utiliza en obra de carácter social y mejoramiento de los templos católicos.
En los campos esteños, que van desde Monte Plata, San Pedro de Macorís, Hato Mayor, El Seibo, La Romana e Higüey, la gente es creyentes o devotas de la Virgen de la Altagracia, tradición que se arraigó más con la llegada de los españoles en 1492. Es por ello que se les facilita a los toreros colectar en comunidades y pueblos las donaciones hechas por hacendados y pequeños productores que lo entregan en agradecimiento a algunos milagros recibidos y otros por ser bendecidos por la madre de Dios.
Los toretes son concentrados en los corrales, luego registrados y contabilizados por los párrocos, que se encargan de recibir a los bovinos en las instalaciones de la Asociación de Ganaderos de Nisibón (Aganí).
Monseñor de la Rosa y Carpio estima que la Hermandad de Toreros ha jugado un rol apreciable como unificador y aglutinante en la región. Realmente han jugado y juegan un papel social, además de que se ha logrado unir la zona del este, porque se encarnaron en la realidad social, económica y humana en la zona”.
“Nosotros, los dominicanos hemos donado a la Virgen una corona preciosa de oro, y le seguimos dando todavía los toros. Ella sigue siendo la única Reina y Soberana de nuestro pueblo”, apuntó monseñor de la Rosa y Carpio quien se desempeñó como obispo de la Diócesis de Higüey.
Monseñor Jesús Castro Marte destacó que esta tradición es un símbolo de cultura, tradición y fe para el municipio de Higüey, y agregó que “los Toros de la Virgen son circuito o peregrinación, que permite la visita a las principales provincias ganaderas de la zona este.

Historia
Reconocidos como “La Hermandad de los Toreros de la Virgen” su historia se remonta a los fines del siglo XVII, y coincide con la batalla de Sabana Real o La Limonade del 21 de enero de 1691, día declarado como “acción de gracias” en que miles de creyentes marianos se desplazan a honrar a mamá Tatica.
Antiguamente la entidad fue denominada “La Hermandad de los Comisarios de los Toros de Nuestra Señora de La Altagracia”, pero los creyentes la han bautizado como “Toros de la Virgen”, que no es más que una ofrenda que evoca la devoción y creencia fervorosa de los católicos por la Virgen La Altagracia.
Los devotos marianos provienen, generalmente, de la zona rural.
La motivación de las ofrendas en animales, se asegura, es el pago de una promesa, el agradecimiento por un favor concedido por la Virgen, la imploración a ella de protección y bendición de la familia, del ganado y el cumplimiento de una tradición familiar de larga data. En la actualidad, los fondos son destinados a obras de beneficencia dirigida a los ancianos, a la alimentación, a la niñez.
El historiador Francisco Guerrero en su libro “Origen, desarrollo e identidad de Higuey” de 2010 registra que los hateros y criadores higüeyanos en sus inicios suplían de carnes a las tropas en guerra, las enviaban al Cibao, con destino a la Línea Noroeste. Y abunda: “Fue cuando, los criadores acordaron donar un toro, anualmente para costear con el producto de su venta los gastos de las festividades conmemorativas al 21 de enero”.
Explica que La Hermandad de los Toreros de la Virgen perduró en una primera etapa, desde su inicio en 1692, un año después de la batalla de La Sabana Real de La Limonade, hasta 1822 cuando la ocupación haitiana.
En esa época Felipe E. Sanabia, cura y capellán del santuario, la restauró en 1916 por instrucciones de Luis A. de Mena, secretario de cámara y gobierno del arzobispado de Santo Domingo.
En cada punto de entrega se desarrollan sonadas de atabales, que se convierten en patronales por la gran cantidad de personas que acuden. Desde Bayaguana hasta pasar por Hato Mayor, El Seibo y llegar a Higüey, los toros y la peregrinación es vigilada por patrullas policiales, por orden expresa del Jefe de la Policía, Mayor general Peralta.
Una de las paradas más emblemáticas que concentra a cientos de caballistas y devotos se realiza en la comunidad de Las Guajabas, en El Seibo dónde amanecen tocando atabales, cocinando y bailando.
Se considera que el segundo período de la Hermandad de los Toros de la Virgen comienza en Higüey en 1916 con el Padre Felipe Sanabia. Se ha dicho y escrito que fue el padre Tomás Núñez Cordero quien le dio a esta organización un impulso y la convirtió en lo que es hoy.
A él se le atribuye, también haber establecido en Bayaguana la ofrenda de “Los del Santo Cristo” y es desde allí que sale la procesión para terminar en la Basílica de Higüey el 14 de agosto que coincide con la segunda parte de los actos conmemorativos de la Virgen de la Altagracia, ya que es el aniversario de su coronación.
Más de 300 toros fueron colectados en la versión del 2025.
Se presume que la reproducción rápida y masiva del ganado en los hatos del Este hizo cambiar la mentalidad de los hateros, que comenzaron a creer en la Virgen de la Altagracia.
Tradición
Es una actividad religiosa cultural con más de 330 años de historia que empieza en Bayaguana, recorre la provincia Hato Mayor y culmina en la Basílica de Higüey”.
