La Quinta: cuando un compositor toca las puertas de la inmortalidad

¿Por qué tantas Quintas Sinfonías son obras maestras? Beethoven, Mahler, Chaikovsky, Sibelius y Shostakovich nos dejaron pistas.

Escuchar artículo
0:00
-0:00
Velocidad

Entre los muchos patrones en la historia de la música sinfónica existe uno muy curioso y de amplio debate entre los entendidos: muchos compositores escribieron algunas de sus obras más influyentes en su quinta sinfonía.

No es una regla universal, pero sí lo suficientemente frecuente como para despertar preguntas: ocurre con Beethoven, con Chaikovsky, con Mahler, con Sibelius, con Shostakovich; y la lista podría seguir. ¿Coincidencia? ¿Numerología? ¿O existe algo especial en ese momento del camino creativo?

Para entenderlo, conviene empezar por la Quinta que cambió todas las demás.

Beethoven: cuatro notas que cambiaron la historia

En diciembre de 1808, en Viena, Ludwig van Beethoven presentó al público una obra que comenzaba con cuatro notas que hoy reconoce cualquier persona, incluso quien nunca ha asistido a un concierto sinfónico. Ese Ta-ta-ta-tá hoy es un símbolo cultural, Beethoven mismo lo describió como “el destino llamando a la puerta”.

La genialidad de ese inicio no está únicamente en su fuerza dramática, sino en la la economía del material. Todo el primer movimiento (y toda la sinfonía) nace de esas cuatro notas. Beethoven toma ese pequeño germen rítmico y lo transforma, lo fragmenta, lo expande, como si de una sola semilla surgiera todo un bosque.

Hasta entonces, las sinfonías habían sido grandes construcciones musicales, sí, pero rara vez partían de una idea tan simple y obsesiva. Beethoven convirtió el motivo en el motor de la obra y, desde ese momento, escribir una Quinta Sinfonía ya no sería lo mismo.

El punto de madurez

El misterio de las Quintas Sinfonías en la historia de la música

Aquí aparece una hipótesis fascinante: muchos compositores alcanzan su Quinta cuando ya han pasado años explorando el lenguaje sinfónico. Las primeras obras suelen ser experimentos, búsquedas, intentos de dominar la orquesta. Para cuando llega la quinta, el compositor ya tiene experiencia, confianza y una voz propia.

No es casual que varios escribieran sus Quintas en plena madurez creativa: la Quinta de Tchaikovsky aparece cuando el compositor ruso ya domina el drama sinfónico, la de Mahler surge cuando su universo emocional está completamente definido, la de Sibelius marca el momento en que su estilo personal alcanza una claridad extraordinaria, y la de Shostakovich nace en uno de los momentos más tensos de su vida.

Cada una es distinta. Pero todas parecen tener algo en común: la sensación de una declaración definitiva.

Le recomendamos leer


Chaikovsky: el destino vuelve a aparecer

La Quinta Sinfonía de Piotr Ilich Chaikovsky, estrenada en 1888, comienza de una manera completamente distinta a la de Beethoven, pero con una idea similar: un motivo que atraviesa toda la obra; un oscuro coral de clarinetes que avanza como una marcha interior.

Ese tema reaparecerá una y otra vez durante la sinfonía, y se transformará según el estado emocional de cada movimiento: en el primer movimiento es sombrío, en el segundo aparece casi resignado y en el final se convierte en una proclamación triunfal.

Chaikovsky habló también de un destino inevitable, una fuerza que gobierna la vida humana. La Quinta se convierte así en una especie de drama psicológico sin palabras.

Mahler: amor en medio del abismo

La Quinta de Gustav Mahler, estrenada en 1904, comienza con una marcha fúnebre: una trompeta solitaria lanza un llamado que parece provenir de otra dimensión. Es un gesto musical completamente distinto al de Beethoven o Tchaikovsky: aquí no hay lucha heroica ni destino implacable, sino una mezcla de tragedia y lirismo.

Mahler escribió esta sinfonía en un momento crucial de su vida: acababa de conocer a Alma Mahler, la mujer que se convertiría en su esposa. En medio de esa obra monumental aparece uno de los movimientos más famosos de toda la música clásica: el Adagietto, una página de una delicadeza casi sobrenatural.

A diferencia de las sinfonías anteriores, Mahler no utiliza un programa explícito. Pero el contraste entre la oscuridad inicial y la luminosidad final parece describir un viaje emocional muy profundo.

Sibelius: la naturaleza hecha música

Si hay una Quinta Sinfonía que parece surgir directamente del paisaje, es la de Jean Sibelius. El compositor finlandés la revisó varias veces hasta alcanzar la versión definitiva en 1919. Su inicio es uno de los más originales del repertorio sinfónico: en lugar de un gesto dramático o solemne, escuchamos un movimiento lento que parece despertar poco a poco. Las cuerdas y los cornos construyen un clima sonoro amplio, casi atmosférico.

Sibelius explicó que una de sus inspiraciones fue observar una bandada de cisnes volando sobre el lago Tuusula. El famoso tema del último movimiento, interpretado por los metales, evoca precisamente ese vuelo majestuoso. Aquí la sinfonía no parece hablar del destino ni del conflicto humano. Habla de algo más antiguo: la naturaleza misma.

Shostakovich: música bajo vigilancia

La Quinta Sinfonía de Dmitri Shostakovich tiene una historia que parece sacada de una novela.
En 1936, el compositor soviético fue duramente criticado por el régimen de Stalin. Su música fue acusada de ser “formalista” y alejada del pueblo. En la Unión Soviética de aquella época, una crítica así podía significar el final de una carrera… o algo peor.

Shostakovich respondió con una nueva sinfonía: el estreno, en 1937, fue recibido con entusiasmo. Oficialmente, la obra fue presentada como “la respuesta creativa de un artista soviético a críticas justas”.
Pero muchos oyentes percibieron algo más complejo: el inicio es austero, casi contenido; las cuerdas trazan una melodía tensa, vigilante. El final parece triunfal, pero algunos directores han señalado que ese triunfo suena forzado, casi irónico.

¿Celebración auténtica o máscara musical? La ambigüedad forma parte de la grandeza de esta sinfonía.

Le recomendamos leer


Este artículo forma parte de nuestro suplemento cultural de este 7 de marzo. Disfrútalo haciendo click acá
Este artículo forma parte de nuestro suplemento cultural de este 7 de marzo. Disfrútalo haciendo click acá

¿Casualidad o destino musical?

Entonces, ¿existe realmente algo especial en las Quintas Sinfonías? Probablemente no haya ninguna magia numérica. Pero sí parece haber un punto en la vida de muchos compositores en el que convergen experiencia, ambición y madurez. Después de varias obras, el compositor ya conoce sus herramientas y, antes de que el paso del tiempo cambie su perspectiva, todavía conserva una energía creativa formidable.

En ese momento aparece, a menudo, una obra que parece resumir todo lo aprendido. No siempre es la Quinta. Pero sorprendentemente, muchas veces lo es y, quizá por ello, los que amamos la música clásica sabemos que decir “la Quinta” es un emblema. Como si estuviéramos presenciando el instante en que un compositor deja de escribir música y empieza a escribir historia.

Posted in CulturaEtiquetas

Más de gente

Más leídas de gente

Las Más leídas