Nicolás Guillén y una reconciliación con nuestras raíces

Chanell M. Cruz Liriano
Especial para elCaribe

En una ocasión, cuando regresaba del trabajo, en una de esas guaguas destartaladas que recorren a velocidad despiadada todo el trayecto que cubre la avenida 27 de febrero, tuve la desafortunada oportunidad de escuchar la interacción que se dio entre una pasajera y el chofer del vehículo. Entre relajos y tira y afloja, el conductor le dice que ella es de Villa Mella. La mujer, en actitud de ofensa, le corrige y le dice que ella no es prieta para ser de ese lugar. Recordemos que esta zona es conocida por estar habitada por personas de “mayor ascendencia africana”, Por eso, su piel tiende a ser más oscura en comparación con otras áreas del país. La mujer decía que ella era blanca, y a decir verdad, obviamente no existe ningún problema con eso, lo conflictivo es la tonalidad que utilizó al afirmarlo denotando cierto aire de superioridad por no ser negra.

Sería reconfortante decir que esta fue una experiencia única. Pero lo cierto es que esa es una postura muy optimista ante lo que ocurre realmente. Lo que normalmente se vive en nuestro país es una tendencia colorista que se manifiesta pasivamente, logrando pasar desapercibida o normalizada por completo en nuestra sociedad. Podemos mencionar como ejemplos el famoso dicho de “cásate con un blanquito o blanquita para que arregles la familia”, La forma de referirse al pelo afro como pelo malo o decir cosas como: negrito lavado. ¿Acaso es mejor ser blanco? ¿Qué tiene de malo el pelo afro? ¿Acaso están sucios los otros negritos? El que quiera puede responder como desee estas preguntas. Yo digo que no a todas.

La lectura de esta ocasión nos trae a Nicolás Guillén, un autor cubano destacado por ser una de las voces más influyentes en el contexto literario de su entonces. Este autor se unifica con la introducción de este texto porque su poesía se destacó como un grito de orgullo a la negritud y a las raíces africanas que tenemos en el Caribe y que no podemos ocultar. Quizá podamos sacar una reflexión que sea compatible con el tema que estamos tratando. Antes de empezar con el escrutinio, es necesario decir que la poesía de Nicolás Guillen surge en un contexto mucho más discriminatorio que el nuestro, por lo que la intención que tenía era totalmente justificable y merecida.

El texto que ha de ser referenciado se titúla, Poemas Negros de Nicolas Guillen; el primero de ellos, ¿Poqué te pone tan bravo? La primera estrofa dice:

“Poqué te pone tan bravo
cuando te dicen negro bembom,
si tiene la boca santa negro bembom.”

Como se puede notar, la temática de estos versos es enorgullecer al negro de sus facciones y los rasgos que lo identifican.

Los negros trabajando.
“Los negros trabajando
junto al vapor, los árabes vendiendo,
los franceses paseando y descansando
y el sol, ardiendo.”

Esta vez es una denuncia, una demostración de la injusticia vivida, los menos privilegiados, los discriminados y deshumanizados, queman el cuero para el beneficio de quienes los oprimen.

Balada de los dos abuelos.
“Lanza con punta de hueso,
tambor de cuero y madera,
mi abuelo negro.
Corguera en el cuello ancho,
gris armadura guerrera,
mi abuelo blanco.”

Lo que se puede interpretar en estos versos es la herencia genética del autor o en este caso, de la voz narradora. Hace referencia al mestizaje, muy común en la región caribeña debido a nuestra historia. A lo largo de los siguientes, versos el autor denota diferentes inclinaciones para cada uno de sus abuelos. Su abuelo negro se manifiesta con mucho más cansancio y situaciones de peligro, mientras que el abuelo blanco es presentado con experiencias mucho más simples y beneficiosas.

“África de selvas húmedas
y de gordos gongos sordos,
¡Me muero!,
dice mi abuelo negro.
Agua prieta de caimanes,
verdes mañanas de cocos,
¡Me canso!,
Dice mi abuelo blanco.”

Los poemas de Guillén, además de tratar de enorgullecer al negro, también se dedican a desvelar aspectos de la historia entre el negro y el blanco. Caso muy importante para poder entender el porqué de las cosas, y entender y asimilar esta historia nos ayudará a no avergonzarnos de nuestros orígenes.

Es muy probable que la ignorancia acerca de temas importantes con respecto a nuestra identidad sea la causa de la reacción negativa de algunas personas ante la idea de que alguien les diga negros, como es el caso de la mujer expuesta al principio de este texto. Todavía hay personas en nuestra República Dominicana que cuando le mencionan la palabra: negro, inmediatamente piensan en una persona de nacionalidad haitiana, a pesar de que esas mismas personas también son de piel oscura, solo que menos pigmentada.

Parece ser que desconocen que los primeros negros que llegaron a esta isla, esos que provienen exactamente del mismo sitio de donde vinieron los antepasados de los haitianos, no los llevaron al oeste, los trajeron acá, trabajaron en el ingenio, vivieron en la esclavitud, trabajaron en el suelo, construyeron, fueron parte del mestizaje que nos hace lo que somos.

Corre la misma sangre por nuestras venas. Lo que sí se puede decir es que cada vez hay más aceptación de la negritud por parte del dominicano, se ha puesto de moda llevar afro, dejando de lado poco a poco la cultura del desrizado, el pelo se lleva al natural y con libertad. Las empresas que antes requerían un estilo profesional se detuvieron de propagar

ese disparate que forzaba a las mujeres a elegir entre su identidad o ganarse el pan. Al final cada una puede utilizar el pelo como quiera, pero ese es el punto, tener la opción de elegir y que sea aceptada cualquiera de ellas.

Claramente en cuanto a reconocer y asumir nuestras raíces de forma global como sociedad aún nos queda mucho por avanzar. Hay que tomar en cuenta que se trata de un condicionamiento que tiene siglos siendo implantado en nuestras mentes y que además sigue siendo perpetuado. Los poemas de Guillén fueron y siguen siendo una denuncia a estas acciones, pero también son una herramienta enorgullecedora. Me gustaría decir que contribuyen a transformar un dicho popular, inmotalizado en un verso de Juan Antonio Alix, que señala que tenemos el negro detrás de la oreja, Nicolás Guillén nos revela dónde realmente lo tenemos, en la frente.

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