Partidos sin ton, pero con son

Luis Díaz.
La Casa de la Música fue inaugurada en la calle Meriño con Mercedes, el pasado viernes 13 de agosto de 2021

La Ministra de Cultura, Carmen Heredia de Guerrero inauguró el viernes 13 pasado, la Casa de la Música en la ciudad colonial (Meriño con Mercedes), con Tomy García, director. La inauguración se hizo con la exposición ALLEGRO de nuestra autoría. Preparé el siguiente discurso que por tiempo no pude leer, digo yo. Aquí lo dejo:

“Tenía un discurso larguísimo para esta ocasión, pero me dije, eso va a ser muy aburrido, la gente vino a alegrase y es por eso que decidí un cambio, ahora que los cambios están de moda, aunque todos manejamos automáticamente y nos olvidamos que entre los cambios esta la riveisa. Cambié el discurso por un millón de canciones y 100 recuerdos. Vamos por el Guinness.

Aunque ya la Psicología lo había dicho que cada cabeza es un mundo, las huellas dactilares del antropólogo inglés Francis Galton (1822-1911) ya se conocían en un libro del 1892: Huellas dactilares. Pero quien lo aprovechó fue un croata nacionalizado argentino, Juan Vucetich Kovacevich.

Los parisinos, cansados de perseguir a Arsène Lupin en la vida real y en la ficción adoptaron el método de Vucetich en 1913 a pesar de las maldiciones del jefe de la sureté, el SIM francés, Alphonse Bertillon que insistía en que su método de la Antropometría era mejor porque medía partes del cuerpo y las fichabas para agarrar ladrones. Bertillon insistía, como bien lo describe Irving Wallace en sus cuentos del “Caballero de los Domingos”. Pero ya la sociedad francesa estaba dividida en los que admiraban a Lupin y los que detestaban al torpe Bertillon.
Pero en fin, por más diferentes que seamos, la sociedad siempre se las arregla para dividirnos. Es por eso que existe el bien y el mal y no conforme con eso están los ganadores y perdedores, los feos y los bellos, los sabios y los brutos, los sucios y los limpios, los honestos y los robalagallina. Puede que ocurra un evento banal y que a alguien se le ocurra incrustarlo en el límite para establecer un antes y un después.

Los que defienden el progreso y los salvajes indios; los nazis y la civilización; los terroristas y los pacificadores; los terrícolas y los extraterrestres. Desde la Primera Guerra Mundial existen los comunistas y los americanos.

Las ideologías ya no existen. La derecha y la izquierda, concepto que venía desde que en la Asamblea parisina pos Revolución Francesa los delegados se colocaban a uno y otro lado del Presidente. Derivó en los llamados partidos de izquierda y derecha.

La Guerra Fría, que fue una traición de los aliados a la URSS, después que estos lograron erradicar el nacismo y perder tantos millones de soldados, levantó de nuevo el concepto dividiendo el mundo en oriental y occidental. Erróneamente se estereotiparon estos dos conceptos y cuando pensamos en un izquierdista, lo imaginamos con dos correas de balas a lo Zapata, armado, conocedor y defensor de Marx, Lenin, Mao, Fidel y hasta Putin.

El derechista es un ogro con la filosofía del Rico McPato que no trabaja pero que es más poderoso económicamente que el resto. Y esos dos títulos son usados uno contra el otro para justificar, descalificar, joder y fuñir cuando en realidad todo se reduce, como lo definió Fray Betto, el teólogo brasileño y no el recluta, a una categoría clara y simple: lo justo y lo injusto.

Por ejemplo, sería justo que el presupuesto del Ministerio de Cultura se distribuya en el país y no se quede en el ombligo de la capital.

Y esto no es una expresión de “un artista que vive soñando sin saber de dónde sale el dinero”, como me expresara un exministro cuando le exigí para la República del Cibao, tal descentralización.

Sería justo que en un país exista la medicina gratis para todos. Si lo aplica Canadá, Cuba o Finlandia no creo que sea necesario llamarlos socialistas ni comunistas, simplemente justos. Si a un funcionario se le condena y se le incauta lo robado por un acto de corrupción, eso es justo, etc.

Y ahora se puso de moda que en la cultura hay pintores que si y pintores que no, hay músicos que sí y músicos que no, hay teatro que si … como si el arte tuviera partido. Mis clases en la Escuela de Bellas Artes sobre la Historia del Arte Universal no es diferente si el PLD está en el gobierno o si es el PRM y no es mejor profesor ahora alguien sin talento ni formación que haya sido asignado por politiquería y clientelismo a hacer lo que no puede hacer.

La división con la religión fue más lejos. Llevó a muchos hasta el más allá. La división antigua entre creyentes y no creyentes era una cuestión de vida o muerte e intolerancia. La Inquisición quemó a miles de gente inocente e ignorante, a indígenas que no entendía sus cuestiones “filosóficas” y sus paraísos. A niños que no le entraba la religiosidad ni a palos los mataron, como en los conventos canadienses.

Hoy, aunque eso no es tan agudo, divide la población entre quienes van a la iglesia y quienes no, quien cree en Dios o no, y aunque ya no hay quemas públicas, sí hay obligatoriedad, si eres candidato, a comerte tus hostias y arrodillarte frente a una cámara que te retrate de cuerpo entero. No de medio cuerpo.

Y nosotros mismos estamos divididos entre el yo visible y el alter ego como lo ilustrara magistralmente el argentino Willy Divito en las tiras cómicas del Doctor Merengue.

En la música discutimos y nos dividimos a favor del bolero melcochoso, machista y cursi contra la bachata pegajosa y alegre, aunque chopa.

En el merengue nos olvidamos de sus raíces y del paso del fandango español a la impronta del cibaeño Ñico Lora que le sacó el jugo a Fonseca para darnos la principal distinción musical del país. Johnny lo modernizó e internacionalizó sin tener que cantarle a Guaidó y sin tener que cristianizarlo, que para eso están los coros de las misas de la Catedral.

En la cultura nacional a los artistas se le dividen con los sellos partidarios y con la eterna división del Cibao y la Capital.

Esta noche hay una excepción. Todos militamos en la música y la alegría y nadie nos busca con algún portrait parlé sin ton, aunque con son.

No les iba a leer el larguísimo discurso, pero como decía Palito Ortega, tú eres lo más lindo de mi vida, aunque no te lo diga…
¡Pero ya se lo dijo!”.

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