Valentín Amaro
Especial para elCaribe
Esta semana en “Espejo de tinta”, asistimos al encuentro con Arian Francisco Adames Ramírez, nacido en Santo Domingo, República Dominicana. Es licenciado en Lengua Española y Literatura orientada a la Educación Secundaria por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), donde fue miembro fundador y activo de su Taller Literario, consolidando así su vocación por la creación y la promoción de las letras. Actualmente es estudiante de término de la Maestría en Lingüística Aplicada a la Enseñanza del Español en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Se desempeña como docente de Lengua Española y Literatura en el nivel secundario y cuenta con experiencia en el ámbito editorial, además de laborar como conferencista y facilitador docente en áreas vinculadas a la lectura, la escritura y la alfabetización, integrando en su trayectoria la práctica pedagógica, la investigación y el compromiso con la formación lingüística y literaria.
La poesía de Arian Francisco Adames Ramírez entrelaza el dinamismo urbano dominicano con una profunda exploración del deseo, la melancolía y la búsqueda de identidad.
A través de un lenguaje fluido que transita entre la cotidianidad del espacio público y la intimidad del cuerpo, sus versos capturan tanto la experiencia asfixiante del día a día como la vulnerabilidad de la condición humana. Cuando este creador se disponga a asumir el oficio poético con toda la disciplina que merece la diosa blanca, sin duda la poesía dominicana contará con un exponente renovador, intenso y único, pues su obra revela desde ya una voz lírica madura y polifacética, capaz de dotar de sensibilidad poética los matices de la libertad, la nostalgia y la existencia contemporánea.
METRO
(Santo Domingo. Estación Concepción Bona, próxima a la carretera Mella)
Ahogado en el sudor
en el bajo del conductor
el ruido del fanático
desesperado en el vagón
las quejas del empleado mal pagado
cubierto por las ganas
de pedir un asiento no merecido
perdido en el infierno de la Juan Pablo Duarte.
Soy consciente de cuál será mi final
mientras mi mente, divagando
se esfuerza en idear estrategias
para ganar
los Juegos Olímpicos de la guagua pública
que penetra la Mella a 80 millas por hora.
Como sardina me siento
literalmente sentado
acumulando puntos
pero al pasar la Nativa
ya son las 7:30 p. m.
Estoy seguro de que
aunque me espera
Invivienda no me verá pasar
antes de las 8:00 p. m.
LÍNEAS DE DESEO
(Declaraciones al agua y las olas)
Sí, soy ese lugar que algún día recorriste
aquel donde se separan las olas del mar
donde el sol penetra cada parte de tu ser.
Soy el canto de la luz que calienta tu sonrisa
Soy la sombra que enfría tu alma
y te acurruca por la noche.
Alguna vez fui aire
aquel que sedujo tu cintura
y bailaste hasta el amanecer
como alas de águila
volando por el cielo
en libertad te moviste.
Te leo entre las olas del mar
escudriño tus líneas
hacia el placer infinito
de estar entre tus aguas
en la profundidad de tu signo.
Me cautiva la emoción de perderme
en cada uno de los mundos posibles
que se desprenden de las letras
de tu cuerpo mojado.
DAMA SUPERFICIAL
(Parido en el Museo de Arte Moderno)
El sonido del viento se esconde en sus cabellos que, al volar doman
el aire con sus ondas sometiendo todo aquello por donde pasa.
Dueña y señora del tiempo
hace que la realidad se camufle entre el borgoña de sus labios
engalanando el universo con sus ropas reales.
La delectación es el nombre de su nombre
esclava de la existencia
condenada a ser vida por la vida.
Le pide al viento que la tome prisionera
que la sacuda
que la estremezca como una hoja de nogal en otoño.
Les pide a las olas del mar que la arrastren, que la ahoguen
hasta que la corriente desmiembre su cuerpo
y lleve sus extremidades hacia las profundidades
a partes inexploradas
donde la luz no es bienvenida
donde existen criaturas
que hacen que el imaginario se torne ideal de realidad
Que rompe las entrañas del vacío.
Obligando al universo a observar por la eternidad
la esencia de aquella dama que suplicó renunciar a ser
el ser y la razón de la existencia
asumiendo su condena como única condena
obligando al signo a dejar de omitir el verbo
porque más que dama, es mujer.
¿Y por qué real
si puede ser irreal?
POSEÍDO POR LA NOCHE
(El suspiro de alguien que amó)
La infinitud de la noche
no se compara, en lo absoluto
con el placer que sentía
cuando posaba su carne
por cada rincón de mi cuerpo.
Me hizo suyo
tan suyo que cada gemido le pertenecía.
Cada suspiro enmudecía
el aire, pronunciando su nombre.
Todos mis poros se perdían, extasiados
por su sola presencia.
Solo podía decirle: tómame.
Aunque sea por este instante, te pertenezco.
Afirma, confirma y declara que soy tuyo.
Yo no pondré resistencia
porque cual tumba me profanaste
y cada célula de mi cuerpo se te fue entregada.
Por eso
solo me queda decir que
te debo la noche.
AVE
(Al ser que, cegado por la libertad, emprende el vuelo para no volver jamás al lugar que alguna vez llamó hogar)
Cuando se abrió la jaula
creyó haber volado hacia su libertad
pero sus plumas se convirtieron en rocas tan pesadas
que el aire se tornó en un océano inmenso
donde la desesperanza era lo único respirable.
Paloma, gorrión, ruiseñor o colibrí
qué más da:
un ser sintiente
palpitante y, sobre todo, desesperado.
Invisible en un espacio donde lo único visible es agonía, llanto y penuria.
Clavado en un molde vituperante
del que constantemente sale como el mismo ser
aunque ajeno al cuerpo.
En fin
inmerso en un eterno lunes
pero jamás derrotado.
¿DÓNDE SE PERDIÓ LA MIRADA?
(Se escribe desde los abismos de la infinitud hasta los confines de la nada)
Cuando el pájaro voló hacia el oeste
mirando al negro azabache
desde la superficie de la humillación
se le perdió la mirada.
Pasa la página,
observa entre sus líneas:
la mirada caminando sin rumbo
que se encuentra con la cultura
y, delectante, se adentra en sus oscuros matices
divaga muy en el fondo
y se vuelve a perder.
Esa mirada perdida, pícara y lasciva
coquetea con la carne blanda,
la conquista y la somete
la envuelve con su dulzura
sumergiéndola en un mar de deseo
y ambas se pierden.
Víctima y victimaria
la mirada perdida
camina sola
disfruta de la compañía
se desplaza por la muchedumbre en busca de un cómplice
incomplicado
que también se pierda.
Mirada perdida
egoísta
altiva
desdeñosa
pero frágil a solas.
Tan triste la mirada que se fue. l
