En 1989 el precio de la comida subió hasta un 300 por ciento

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Balaguer anunció que el 3 de noviembre de ese año congelaría los precios de varios productos

La pandemia del coronavirus ha traído consigo además de millones de muertes y cientos de infectados por todo el mundo, una crisis económica que como consecuencia ha llevado a la quiebra a muchas MIPYMES y grandes empresas en todas partes del mundo. Uno de los sectores afectados por esta depresión financiera, ha sido las industrias alimentarias, las cuales han tenido que elevar sus precios de ventas para subsistir en este tiempo de pandemia. Pues con el confinamiento y el aumento de las materias primas, el costo de los alimentos sufrió un incremento.

La República Dominicana no ha sido la excepción a pesar de ser un país agrícola, ya que desde mediados del año pasado algunos productos de consumo diario experimentaron alza en sus precios de manera muy significativa, como es el caso del arroz, carnes, habichuelas, plátanos, entre otros alimentos. A raíz de esta situación, en octubre pasado, el presidente de la Confederación de Comercio de Provisiones y Pymes de la República Dominicana (Confecomercio), Gilberto Luna, hizo un llamado al presidente de la República, Luis Abinader, para sentarse en una mesa de diálogo y juntos buscar una solución a esa problemática emergente.

Al mismo tiempo, Luna reveló que algunos artículos de la canasta básica familiar habían presentado un alza de hasta 130 % de sus precios.

La inflación de 1989

La prensa de 1989, registra que durante el gobierno de Joaquín Balaguer los precios de la comida sufrieron un incremento en sus precios de hasta un 300 por ciento, según explica un documento periodístico de nuestro archivo OGM. En el mismo, detalla que los precios de 37 productos de consumo diario registraron un alza de 200 por ciento, mientras que siete de ellos sufrieron alteraciones de precios de más del 300 %.

Al consultar los periódicos de la época para saber la razón de esa inflación, nos encontramos con varias respuestas, una de ellas es la declaración que ofreció el presidente del Consejo Nacional de Hombres de Empresa (CNHE), Luis Augusto Ginebra Hernández, en la que afirmó que el déficit que enfrentaba el sector financiero público del país, estimado en R$2,300 millones en ese año, había sido la causa fundamental de la inflación.

Por otro lado, está la afirmación de que la inflación que vivía el país era el resultado de diversos factores, entre ellos, la política tributaria en la que predominaban los impuestos indirectos, la falta de producción, los prolongados apagones, la devaluación del peso dominicano, entre otros.

Mientras, los diarios se hacían eco en las diferentes publicaciones de los altos costos de la dieta diaria dominicana. A raíz de esto, personalidades del ámbito político, empresarial, religioso y otros, expresaron su parecer en torno a este tema, entre ellos, el Vicario de la diócesis de Barahona, quien pidió al Presidente Balaguer que “apriete la muñeca contra los especuladores”. Asimismo, el padre Rafael Teófilo Castillo manifestó que “sigue con más fuerza la implacable inflación, que parece que no se detendrá nunca. Sigue la explotación de los intermediarios a muchos comerciantes y los comerciantes esconden los productos básicos y los acaparan para disparar los precios”.

En ese mismo orden, se expresó acerca de esta problemática el empresario Frank Rainieri, quien dijo que la inflación afectaba la inversión privada y que el sector empresarial afrontaba graves problemas de capital. Asimismo, se sumó a los pronunciamientos, el presidente del Partido Liberal La Estructura, Andrés Vanderhorst, con una recomendación al Jefe de Estado de rebajar los precios de 9 artículos de consumo básico para enfrentar el hambre en los sectores más vulnerables de la nación.

El candidato presidencial del Bloque Institucional Social Demócrata (BIS), José Francisco Peña Gómez, también dio su opinión sobre esta situación y sugirió a Balaguer disminuir la tasa de inflación para reducir las posibilidades de un caos económico.

Entre los productos de primera necesidad que subieron de precios durante el 1989, estuvo el arroz, habichuela, cebolla, pollo, plátano, azúcar, pastas alimenticias, huevo, leche, entre otros. De enero a diciembre de ese año, la mayoría de los productos agrícolas y elaborados, así como los ferreteros tuvieron alzas entre 100 y 200%, respecto a sus precios del año 1988.

En enero de 1989, el arroz natural se vendía a 1.45; el superior a 1.55 y el selecto a 1.65, pero para finales de año se elevaron sus precios a tal punto de venderse a 2 pesos con 50 centavos la libra. Por otro lado, están las habichuelas rojas y pintas que se ofertaban a 3.00 y 3.50 la libra, y pasó a venderse de 6.00; 6 pesos con 50 pesos y hasta 7.50 las 16 onzas. El azúcar se estaba vendiendo a RD$1.30, pese a que su precio oficial era de 1 peso la libra. Según una información periodística del archivo, con este último producto se desencadenó un mercado clandestino hacia Haití.

Otros artículos de la dieta diaria dominicana que subieron de precios fueron las pastas, que de venderse la libra a 95 centavos pasó a 2.25 de forma oficial. El huevo de cotizarse de 35 centavos pasó a 55, siendo el sustituto de las carnes. Así también, el pollo tuvo un incremento de precio desde 3.50 a 6.50 y 7.00 pesos la libra. El plátano se llegó a disparar desde 20 y 25 centavos a 1.00 peso y hasta 1.50 la unidad del tipo barahonero y 0.90 y 1.00 el cibaeño.

También los materiales de construcción sufrieron incrementos en sus precios, al igual que las medicinas que tuvieron un alza de 100 y 150 por ciento.

En varias ocasiones Balaguer acusó a los comerciantes de inescrupulosos y especuladores, haciéndoles responsables de la situación de escasez y desabastecimiento interno que sufría la población.

Estos exorbitantes aumentos en los precios de los productos de consumo diario provocó que grupos sindicales y barriales convocaran a una huelga general por 48 horas para los días 19 y 20 de junio de 1989, con el propósito de reclamarle al gobierno de Balaguer aumentos salariales, mejoramiento de los servicios básicos y el cese de la política económica de su Gobierno.

La reacción de Balaguer al enterarse de dicho paro, fue la siguiente “hay una huelga que se anuncia, pero no se sabe quién la solicita. Son fantasmas los que están pidiendo que se declare una huelga. Huelga insensata, porque está dirigida básicamente contra las clases necesitadas”.

Los organizadores de ese paro se agruparon en la Confederación Nacional de Organizaciones Populares y su principal vocera fue la señora Virtudes Álvarez, quien dijo en reiteradas ocasiones que solo dialogarían con el presidente Balaguer para tratar de que sus reclamos sean atendidos y de esa forma evitar la huelga.

Días antes de producirse la manifestación, en un aviso pagado, el Consejo Nacional de Hombres de Empresa (CNHE) llamó a un diálogo a los sectores representados de la sociedad para llegar a un acuerdo y buscar la solución al problema que afrontaba el país, con el siguiente mensaje: “por lo anteriormente expuesto, el Consejo Nacional de Hombres de Empresa (CNHE) y todas sus asociaciones afiliadas urgentemente convocamos a un Diálogo donde estén representados todos los sectores que con su participación pueden aportar a la solución de los problemas que padecemos y para ello utilizar una vez más la institución que día a día acrecienta su credibilidad y liderazgo espiritual: la Iglesia Católica, para que modere y se testigo del cumplimiento de los acuerdos”.

Pese a este llamado, la huelga fue realizada el 19 de junio, y al día siguiente, en la edición de este diario del 20 de junio de 1989, fue reseñado el primer día del paro como una “paralización casi total” en todas las actividades, sin embargo, hubo enfrentamientos entre los manifestantes contra tropas del Ejército y miembros de la Policía con un saldo de un muerto y cuatro heridos.

Para el 3 de noviembre del año que nos ocupa, el presidente Balaguer anunció en Payita, María Trinidad Sánchez, que designaría una comisión para seleccionar los productos de primera necesidad cuyos precios serían congelados.

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