Mientras hay estudiantes que reciben la noticia con alegría, hay otros que experimentan tristeza y enojo
En un niño o adolescente, el cambio de centro educativo podría despertar emociones como preocupación, tristeza, curiosidad, enojo, ilusión o alegría. La edad, las experiencias previas, el motivo del traslado y el acompañamiento familiar pueden marcar la manera en que cada estudiante vive esta transición. Para conocer cómo afrontar este proceso, conversamos con Amelia González, psicóloga infanto-juvenil del Centro Vida y Familia.

¿Qué puede significar emocionalmente para un niño o adolescente cambiar de colegio?
Aunque son retadores, los cambios pueden despertar experiencias emocionales diversas que varían a lo largo del período de transición. No sería correcto asumir que todos los niños y adolescentes sentirán miedo ante los retos sociales o entusiasmo por conocer personas nuevas. Lo más probable es que experimenten una combinación de emociones cuya intensidad dependerá de cada caso, como preocupación, curiosidad, tristeza, enojo, ilusión o alegría. La manera de vivir el cambio estará influida por el motivo del traslado y por la perspectiva que el niño o adolescente tenga sobre este.
¿La edad del estudiante influye en la manera en que vive la transición?
La edad sí influye, pero la experiencia dependerá también de tres factores clave, como la capacidad del estudiante para adaptarse a los cambios, su perspectiva sobre el traslado y la manera en que los padres lo acompañen. Aunque parezcan aspectos sencillos, cada uno reúne distintas variables que inciden en cómo se asume la transición.
- La perspectiva del niño o adolescente suele estar relacionada con cuán a gusto se siente en su colegio actual y con los aspectos positivos o negativos que percibe del nuevo centro educativo.
- La capacidad para adaptarse a los cambios se desarrolla durante la infancia mediante experiencias cotidianas, como pasar de una actividad a otra, afrontar modificaciones inesperadas y aprender estrategias para regular la frustración en situaciones nuevas, difíciles o confusas.
- La forma en que los padres acompañan a sus hijos depende también del contexto y de la dinámica familiar. Si el cambio coincide con una crisis, como un divorcio, el fallecimiento de uno de los padres o una mudanza de ciudad o país, la capacidad emocional del niño para afrontar ambas transiciones puede verse afectada.
La etapa del desarrollo también es relevante. Durante la segunda infancia es esperable que convivan la emoción y la preocupación. En la adolescencia puede observarse mayor resistencia o aparente desinterés, debido a la importancia que adquieren los vínculos sociales y el sentido de pertenencia. También intervienen el desarrollo cognitivo, académico y social, las experiencias previas de cambio y las necesidades particulares del estudiante.
¿El cambio de colegio puede tener el mismo impacto emocional en un niño cuando se realiza al inicio del año escolar que cuando ocurre a mitad de curso?
No necesariamente. Un cambio al inicio del año escolar suele facilitar la integración porque todos los estudiantes están comenzando un nuevo grado, con rutinas, docentes y contenidos distintos. Esto puede hacer que el alumno nuevo se sienta menos incómodo al preguntar o cometer errores. Además, como la composición de las secciones suele modificarse cada año, puede incorporarse con mayor naturalidad a las dinámicas grupales. En cambio, un traslado a mitad de curso puede exigir un esfuerzo adicional para comprender rutinas ya establecidas, ponerse al día académicamente e integrarse a grupos formados. Aun así, el impacto dependerá del motivo del cambio y del apoyo que reciba
¿Cuándo un cambio de colegio puede ser beneficioso para un niño y en qué circunstancias sería preferible esperar?
Al considerar un cambio de colegio, conviene evaluar el bienestar emocional y social del estudiante, sus necesidades académicas, el enfoque educativo, los idiomas, el nivel de exigencia y la capacidad del nuevo centro para ofrecerle apoyo. El traslado puede ser beneficioso ante situaciones de acoso, malestar persistente, falta de apoyo educativo o socioemocional, problemas de seguridad o una clara incompatibilidad entre las necesidades del estudiante, las prioridades familiares y la propuesta del colegio. En cambio, sería preferible esperar si la dificultad es temporal y puede resolverse en el centro actual, si el niño atraviesa otra crisis importante o si el traslado puede programarse para un momento menos disruptivo. La decisión debe valorarse caso por caso, priorizando siempre el bienestar integral del niño o adolescente.
¿Qué señales pueden indicar que un hijo está teniendo dificultades para aceptar el cambio?
Dependiendo de la edad, durante los primeros días puede ser normal observar irritabilidad, preocupación, tristeza o resistencia a asistir al nuevo colegio. Estas reacciones suelen disminuir gradualmente a medida que el estudiante conoce las rutinas, establece vínculos y gana seguridad. Deben llamar la atención cambios intensos o persistentes, como pérdida de apetito, alteraciones del sueño, estallidos de ira, tristeza frecuente, aislamiento social, molestias físicas recurrentes, rechazo escolar, disminución marcada del rendimiento o desinterés por actividades que antes disfrutaba. Si estas señales se intensifican, interfieren significativamente con su vida cotidiana o se mantienen durante varias semanas, es recomendable consultar a un profesional de la salud mental.
¿Es recomendable involucrarlo en la decisión o hay situaciones en las que corresponde a los padres tomarla sin dejar esa responsabilidad sobre el niño?
Es recomendable involucrar al niño o adolescente según su edad y madurez, escuchando sus preocupaciones, preferencias y expectativas. Participar no significa asumir la responsabilidad final de la decisión, ya que esta corresponde a los padres. Los adultos deben considerar la seguridad, el bienestar, las necesidades educativas y las posibilidades familiares, explicar su decisión con claridad y permitir que su hijo haga preguntas y exprese lo que siente. También deben aclararle que, aunque su opinión es valiosa, la decisión no dependerá únicamente de sus deseos. Esto ayuda a evitar falsas expectativas, decepción o rechazo si finalmente se elige otra opción. Cuando existan riesgos importantes o necesidades que el colegio actual no pueda atender, los padres pueden necesitar tomar la decisión aun cuando el estudiante no esté de acuerdo.
¿Qué pueden hacer los padres antes de que comiencen las clases para reducir la ansiedad?
Antes de comenzar las clases, es útil familiarizar al niño con el nuevo colegio. Muchos estudiantes, después del proceso de evaluación, no regresan hasta el primer día; por eso, conviene consultar si puede visitar previamente el centro, conocer el aula, identificar espacios importantes y, si es posible, saludar a su docente. También ayuda anticipar horarios, transporte, uniforme y materiales, manteniendo rutinas estables de sueño y alimentación. Los padres deben validar sus emociones sin minimizar sus preocupaciones ni apresurarse a destacar únicamente lo positivo. Pueden decir, por ejemplo: “Entiendo que te preocupe cómo te irá en el nuevo colegio, especialmente porque te sentías bien en el anterior”. Después de escucharlo, pueden ayudarlo a reconocer sus fortalezas y recordar ocasiones en las que afrontó retos similares con éxito.
¿Cuánto tiempo puede considerarse razonable para que un niño se adapte a un nuevo colegio?
No existe un plazo único, porque la adaptación depende de la edad, el temperamento, las experiencias previas, el apoyo familiar y la acogida del colegio. Como referencia general, puede tomar desde varias semanas hasta algunos meses. Más que esperar una fecha exacta, conviene observar avances graduales: mayor disposición para asistir, comprensión de las rutinas, participación en clase, establecimiento de vínculos y disminución del malestar. Si no hay progreso, las dificultades se intensifican o afectan de manera importante el sueño, la alimentación, el estado de ánimo, la asistencia o el rendimiento, es recomendable conversar con el colegio y buscar orientación profesional.
Si tuviera que darles recomendaciones a los padres que están a punto de cambiar a su hijo de colegio, ¿cuáles serían?
- Mantengan la calma y reconozcan sus propias emociones. El cambio no afecta únicamente a los hijos. Expresar de manera calmada que los adultos también pueden sentir preocupación o incertidumbre ayuda a normalizar la experiencia, sin convertir al niño en responsable del bienestar de sus padres.
- Mantengan una comunicación cercana con el colegio. La familia prepara al estudiante y el centro educativo facilita su acogida. El equipo educativo puede aportar información valiosa sobre su conducta, participación y vínculos durante la jornada. A veces un niño muestra resistencia antes de salir de casa, pero dentro del colegio participa y socializa con normalidad; conocer ambas realidades permite tomar decisiones mejor informadas y coordinar apoyos oportunos.
- Escuchen y validen lo que siente su hijo. Eviten minimizar sus temores o presionarlo para que se entusiasme de inmediato. Escuchar con atención y responder con empatía favorece la confianza y permite identificar necesidades concretas.
- Den tiempo al proceso y observen avances graduales. Eviten comparar su adaptación con la de otros estudiantes. Reconozcan pequeños logros y soliciten apoyo si el malestar persiste o interfiere de manera significativa con su vida cotidiana.
