Con el Miércoles de Ceniza comienza hoy la Cuaresma, 40 días de ayuno, abstinencia, oración y sacrificio
Cada año, el Miércoles de Ceniza abre el tiempo litúrgico de la Cuaresma, un período de 40 días de preparación para la Pascua que invita a la reflexión, al sacrificio y a la conversión. Esta jornada se celebra hoy, seis semanas y media antes del Domingo de Resurrección, marcan el inicio de un camino espiritual que culmina antes de la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo.
Origen
La Cuaresma es uno de los tiempos más significativos del calendario cristiano. Se practica desde el siglo IV y está asociada al color morado, símbolo de penitencia, duelo y recogimiento. Durante estas semanas, la Iglesia propone a los fieles una revisión interior inspirada en los momentos decisivos de la vida de Jesús, desde sus tentaciones en el desierto hasta su muerte en la cruz.
Un tiempo de reflexión gradual
Según el sacerdote Roberto Martínez, “este es un período muy caracterizado por la reflexión gradual de los momentos determinantes de la vida de Jesús, desde las tentaciones en el desierto hasta su muerte en la cruz”.
El sacerdote explica que el sacrificio es una de las formas en que el creyente se acerca más a Dios. En ese sentido, recuerda que los viernes de Cuaresma se caracterizan por la abstinencia de carne y que, de manera excepcional, también el Miércoles de Ceniza se propone esta práctica.
“Hay muchas personas que sustituyen la carne por alimentos de mar, que es muchas veces más caro, y eso no es el objetivo”, afirma Martínez.
Al referirse a las normas complementarias del Código de Derecho Canónico en la República Dominicana, señala que la abstinencia no responde a razones “diabólicas” ni vegetarianas, sino que constituye una forma concreta de asumir un sacrificio. Más allá de lo alimenticio, añade, la renuncia puede extenderse a aquellas dependencias o hábitos que cada persona reconoce como excesivos o que ocupan un lugar desmedido en su vida.
Una tradición que perdura
El Miércoles de Ceniza se remonta al siglo XI, aunque la práctica de cubrirse con ceniza tiene raíces más antiguas en la tradición hebrea, cuando las personas se vestían de cilicio y se cubrían de polvo como signo de arrepentimiento.
Lejos de perder vigencia, esta costumbre mantiene su fuerza en la actualidad. El padre Domingo Vásquez asegura que, pese al paso de los siglos, los templos continúan llenándose.
Aunque han pasado cientos de años, las personas no pierden el interés, pues acuden a los templos para que se les imponga la ceniza, como símbolo de penitencia y deseo de conversión, explica el padre Domingo Vásquez.
Para Vásquez, sacerdote de la Parroquia San Ramón Nonato de Los Mameyes, Santo Domingo Este, que una persona se coloque las cenizas representa su deseo de convertirse al Evangelio.
Ayuno, abstinencia y oración
El ayuno y la abstinencia son prácticas centrales en este tiempo litúrgico. El ayuno implica ingerir una sola comida “fuerte” al día, mientras que la abstinencia consiste en no consumir carne. Ambos gestos, según la tradición católica, buscan reconocer la necesidad de reparación por los pecados y el compromiso con el bien de la Iglesia.
A ello se suma la oración como pilar fundamental. Los fieles son llamados a buscar espacios de silencio ante Dios, presentar sus inquietudes y esperanzas, pedir ayuda y perdón, y renovar su fidelidad al Evangelio. La intensidad de esta práctica dependerá de las posibilidades de tiempo y recogimiento de cada persona, pero la invitación es común: fortalecer la vida interior.
“Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás”
El rito que da nombre a la jornada consiste en la imposición de la ceniza en la frente, generalmente en forma de cruz. Mientras la traza, el sacerdote pronuncia una de estas dos frases: “Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás” o “Arrepentíos y creed en el Evangelio”. También es común escuchar la exhortación: “Conviértete y cree en el evangelio”. Las cenizas no son un elemento improvisado. Proceden de la quema de los ramos bendecidos del Domingo de Ramos del año anterior. Estas palmas, que conmemoran la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén tras 40 días en el desierto, se conservan y se transforman en el símbolo penitencial que inaugura la Cuaresma.
