¿Estás acompañado pero te sientes solo? Experta analiza la soledad de estar juntos

La especialista considera que elegir una pareja es decidirse a compartir una vida y construir un hogar emocional

Existe una soledad difícil de explicar: la de estar en una relación y sentir que una parte de la vida se sigue llevando a solas. Puede haber amor y conversaciones cotidianas, sin embargo, cuando llega una preocupación o una decisión que toca lo más profundo, aparece una pregunta: “¿Puedo contar contigo para vivir esto juntos?”.

En ese sentido, la terapeuta familiar y de parejas Patricia Reyna consideró que elegir a una pareja es decidir compartir una vida junto y construir un hogar emocional: un espacio de confianza que fortalece el vínculo y permite afrontar entren los dos “todo los que venga”.

“Compartir un techo no basta. Dos personas pueden vivir en la misma casa y avanzar en paralelo, como compañeros de cuarto, sin sentirse verdaderamente acompañadas”, subrayó la terapeuta que consulta en el Centro Vida y Familia.

De igual forma, manifestó: “Esa elección va más allá del deseo de permanecer juntos o del amor que ambos puedan profesarse. La fortaleza del vínculo depende también de cómo cada persona percibe y recibe ese amor. Cuando una cree expresarlo de forma suficiente y la otra no se siente vista, escuchada o acompañada pueden surgir confusión, frustración y distancia entre la pareja”.

La especialista agregó que construir una vida compartida y un hogar emocionalmente saludables, exige revisar quiénes somos y cómo nos vinculamos con el otro, y consideró que para lograrlo es necesario hablar de responsabilidades, proyectos y vínculos familiares; alcanzar acuerdos y revisarlos cuando la realidad cambie. Además reconocer la vida que ambos forman sin renunciar a la identidad individual ni aferrarse a conductas que amenacen la salud de la relación.

También, precisó: “Ese nosotros se construye cuando cada persona puede acudir a la otra con una alegría, una preocupación o una herida y encontrar interés genuino. No exige disponibilidad constante ni respuestas perfectas. Exige presencia: escuchar, preguntar y hacerle saber al otro que su experiencia tiene un lugar dentro de la relación”.

El alejamiento entre la pareja no siempre es indiferencia

La teoría del apego ayuda a comprender por qué esa seguridad resulta importante: también en la adultez necesitamos saber que alguien nos prioriza y está disponible cuando nos sentimos vulnerables.

La psicóloga afirmó que cuando esa cercanía no existe o se vuelve incierta, las reacciones pueden ser opuestas, ya que si una persona insiste en hablar y reducir la distancia, mientras la otra calla o evita la conversación, lo que para una es un intento de recuperar seguridad, para la otra puede generar como presión.

Asimismo, entiende que el alejamiento no siempre nace de la indiferencia, y, aun así, dolerle a quien esperaba cercanía. Comprender los motivos de la otra persona ayuda a interpretar su reacción, aunque no obliga a renunciar a la necesidad legítima de acompañamiento.

“Si este patrón se repite, el hogar emocional se deteriora y compartir la vida resulta cada vez más difícil, ambos pueden amar la relación y, aun así, interpretar de manera distinta lo que ocurre. Una persona vive el silencio como abandono y la otra recibe la búsqueda de compañía como reproche, la conversación termina centrada en quién habló mal o quién se cerró primero, mientras la necesidad de fondo queda sin atender”, agregó Reyna.

Para reconstruir ese sentido de “nosotros”, la especialista recomendó hablar de expectativas y acuerdos concretos.

¿Qué responsabilidades reconocemos como propias? ¿Cómo nos acompañamos cuando uno atraviesa un momento difícil? ¿Qué lugar ocupan los hijos, la familia y los proyectos personales en la vida que construimos?… Aunque estas conversaciones pueden incomodar, también permiten descubrir acuerdos que nunca se formularon y promesas que cada persona interpretó a su manera.

Cuidar la relación con compromiso

La experta aconseja: “Cuidar la relación, asumiendo la responsabilidad por las palabras que hieren y expresar aquello que la otra persona necesita conocer. Entre lo que decimos sin sentirlo y lo que sentimos sin llegar a decirlo puede perderse mucho del amor que compartimos. El hogar emocional comienza cuando aprendemos a interesarnos por lo que el otro vive, a participar en lo que construimos juntos y a cuidar el lugar que cada uno tiene en esa historia.

Compartir la vida es saber que podemos llevar nuestra experiencia a la relación y encontrar a alguien dispuesto a hacerle espacio. Como escribió Gibran en El profeta: ‘Que haya espacios en vuestra unión, y que los vientos del cielo dancen entre vosotros’. El desafío es que esos espacios no se conviertan en distancia, sino en lugares a los que ambos sepan volver”.

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