Devoción dominicana a Virgen de la Altagracia

Cada 21 de enero, se realizan misas solemnes, novenas, procesiones y peregrinaciones masivas. La Novena y la Gran Vigilia en la Basílica tienen gran trascendencia

Tras asistir a la misa del lunes, el espíritu me impulsa a profundizar en el Día de Nuestra Señora de la Altagracia, quien es conocida como la protectora y madre espiritual del pueblo dominicano. Esta fecha, que se celebra hoy 21 de enero, no es solo un feriado: es el pulso vivo de nuestra identidad nacional, donde la devoción del pueblo se entreteje con historia, fe y cultura. El reverendo padre, doctor Mario de la Cruz Campusano, Vicario Episcopal de Pastoral Familia y Vida y párroco de la Parroquia Divina Providencia, ha tomado un tiempo especial para explicarles a nuestros lectores de elCaribe sobre el origen histórico y religioso de esta importante conmemoración en nuestro país.

La devoción a la Virgen de la Altagracia tiene su raíz en Extremadura, España, específicamente en Garrovillas de Alconétar y Siruela, donde se veneraba una imagen mariana que apareció milagrosamente a una pastora.

“Dicha imagen fue llevada a la isla por los hermanos Trejo, colonos extremeños, y colocada en la iglesia parroquial de Higüey, donde comenzaron los primeros cultos locales. Se le atribuye el milagro del ‘naranjo’, en el que la imagen reaparecía siempre al pie de un árbol, interpretado como señal divina para fundar allí su santuario”, dijo el sacerdote.

Desde el siglo XVI ya se registraban peregrinaciones hacia el santuario. La victoria en la batalla de Sabana Real de Limonada, el 21 de enero de 1691, tras encomendarse los soldados a la Virgen, impulsó el traslado de la festividad a esa fecha, antes celebrada el 15 de agosto. En el siglo XX, en 1922, fue coronada canónicamente en Santo Domingo ante 50,000 fieles. En 1924, el Congreso declaró el 21 de enero como fiesta nacional y día no laborable, y en 1927 el papa Pío XI lo elevó a fiesta de precepto para la Iglesia dominicana.

Actividades litúrgicas y culturales

Le pregunto al padre Mario cuáles son las actividades litúrgicas y culturales que se llevan a cabo actualmente. Comenta que un día como hoy se celebran misas solemnes, novenas, procesiones y peregrinaciones masivas. La novena y la gran vigilia en la Basílica tienen gran trascendencia. Además, el museo de la Basílica exhibe arte sacro, exvotos, medallones y objetos históricos que conectan la fe con la cultura.

“La feligresía domina con participación fervorosa: peregrinos de todas las edades llegan caminando, en promesa o agradecimiento; se observa un ambiente de devoción, agradecimiento y esperanza”, argumentó el reverendo padre.

Es momento de conocer datos curiosos sobre la Basílica de Higüey, lugar visitado por miles de personas: la iglesia de San Dionisio, construida en 1572, fue el primer santuario y depositaria de la imagen; el templo actual es resultado de un concurso internacional en 1947; la primera piedra se colocó el 21 de enero de 1952, y fue inaugurado el 21 de enero de 1971. Además, posee una puerta de bronce bañada en oro de 24 quilates, un campanario con 45 campanas, capacidad para 3,000 personas y estructura en cruz latina. “La Basílica es un símbolo arquitectónico moderno que armoniza espiritualidad, identidad nacional e innovación arquitectónica. Su relevancia radica en ser santuario mariano moderno de gran escala, epicentro de peregrinación, con fuerte carga cultural y religiosa, diferenciándose por su monumentalidad y papel sociocultural en el país”, narró De la Cruz.

Acerca del espíritu de peregrinación, las personas llegan desde distintos puntos, incluso de otras islas o países, muchos a pie, en actos de fe, esperanza o gratitud. Es una experiencia colectiva que se arraiga en la memoria comunitaria.

“Se entregan exvotos en plata, oro, pinturas, medallones, cuadros, representando curaciones, agradecimientos y peticiones cumplidas. Esto refleja una espiritualidad popular expresiva, agradecida, profundamente simbólica y creativa”.

La Iglesia promueve misas, novenas, confesiones, consejería espiritual, además del museo y actividades culturales como cine y programas para difundir la devoción y atender a los peregrinos.

Mario dice que la Virgen está presente en altares domésticos, rituales familiares, canciones y festividades en toda la isla y la diáspora. Esto evidencia cómo la devoción entrelaza la identidad, el recuerdo y las tradiciones comunitarias.

Virgen de la Altagracia representa protección

Cómo se le puede explicar a un joven o extranjero por qué la Altagracia es parte del corazón espiritual del país. De la Cruz deja tres ideas importantes: la Virgen de la Altagracia representa la protección espiritual y la identidad profunda de los dominicanos, consolida la fe como nación; su devoción es una experiencia de cultura viva: el arte, la música, la arquitectura y la historia se conjugan en la Basílica; y es un símbolo de unidad y memoria colectiva, presente desde la historia colonial hasta las familias de hoy.

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