El Metropolitan Museum of Art y el diseñador cancelaron la retrospectiva prevista para mayo de 2027. La decisión vuelve a poner su legado bajo la lupa
Marcelle Cordero
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La historia parecía escrita para convertirse en uno de los grandes acontecimientos de la moda de 2027. John Galliano, el diseñador que durante décadas convirtió la pasarela en teatro, la ropa en narrativa y la alta costura en un ejercicio de imaginación sin límites, tendría finalmente una gran retrospectiva en el Metropolitan Museum of Art. Sin embargo, lo que estaba destinado a ser una celebración de una de las trayectorias creativas más extraordinarias de la moda contemporánea, terminó convirtiéndose en una conversación mucho más compleja sobre memoria, responsabilidad y una pregunta que la industria, acostumbrada a mirar hacia adelante, pocas veces se detiene a formular: ¿qué decide recordar la moda y qué decide dejar atrás?
El 31 de agosto, el Metropolitan Museum of Art y John Galliano anunciaron que John Galliano: Horizons, prevista para abrir en mayo de 2027, no seguirá adelante. Con ella también queda descartado el concepto que acompañaría al Met Gala 2027, mientras el museo prepara una nueva exposición para el Costume Institute y anunciará posteriormente los detalles de la gala.
La muestra habría recorrido cuatro décadas de la carrera de Galliano, desde su colección de graduación de 1984 en Central Saint Martins hasta sus años en Givenchy y Dior y su posterior reinvención creativa al frente de Maison Margiela. La propuesta contemplaba prendas, accesorios, bocetos, toiles y material de archivo para reconstruir no solo sus colecciones, sino también el proceso creativo detrás de ellas.
El reconocimiento tenía, además, un peso histórico excepcional. Habría sido apenas la tercera retrospectiva individual del Costume Institute dedicada a un diseñador vivo, después de Yves Saint Laurent, en 1983, y Rei Kawakubo, en 2017. No era, por tanto, una exposición más. Era la posibilidad de incorporar a Galliano a ese reducido grupo de creadores cuya obra ha sido considerada suficientemente trascendente para formar parte de la memoria oficial de la moda.
Y cuesta pensar en un diseñador más apropiado para una exposición sobre transformación. Galliano hizo de la transformación una firma. Desde sus primeros años comprendió que una prenda podía ser mucho más que una pieza de vestir y que una colección podía funcionar como un relato capaz de transportar al espectador hacia otra época, personaje o universo. Sus desfiles construían atmósferas y sus modelos parecían interpretar personajes, mientras vestidos, corsés, bordados, drapeados y siluetas históricas eran llevados hacia terrenos inesperados.
En Dior llevó esa visión a una escala extraordinaria. Sus propuestas combinaban artesanía, teatralidad y referencias históricas para crear imágenes que trascendían la temporada. En sus manos, el vestido podía convertirse en fantasía, armadura o personaje, mientras el escenario, el maquillaje y la música completaban una narrativa cuidadosamente construida.
Más tarde, en Maison Margiela, demostró que su lenguaje podía reinventarse. La deconstrucción, el artificio, la transformación y la identidad de las prendas adquirieron nuevas formas bajo su dirección, confirmando que su mayor talento no estaba únicamente en crear vestidos memorables, sino en encontrar nuevas maneras de hacer que la ropa contara historias. Desde una mirada estrictamente estética, resulta difícil negar su influencia. Pero la moda nunca ha sido únicamente estética.
Cuando la historia también entra al archivo
En 2011, Galliano protagonizó una crisis que cambió radicalmente su carrera después de realizar comentarios antisemitas y racistas en París. El episodio provocó su salida de Dior y consecuencias legales en Francia. Más de una década después, aquellas palabras continúan formando parte de cualquier conversación responsable sobre su trayectoria.
Su posterior regreso a la industria abrió otro capítulo. Maison Margiela se convirtió en el escenario de una reconstrucción profesional que muchos interpretaron como una segunda oportunidad. Galliano volvió a las pasarelas y recuperó el reconocimiento de buena parte de la industria por su capacidad creativa.
Pero una segunda oportunidad no significa que el pasado desaparezca. Ese es precisamente el punto que hace tan compleja la decisión del Met. Horizons no habría presentado a Galliano en un vacío. Habría presentado una obra extraordinariamente influyente junto a la historia de un creador cuyo recorrido también contiene un episodio que produjo un daño que no puede ser ignorado.
Tras el anuncio surgieron críticas, especialmente de líderes de la comunidad judía, que cuestionaron que el museo dedicara una retrospectiva individual al diseñador. También generó sensibilidad la fecha prevista para la inauguración, cercana a Yom HaShoah, el Día de Conmemoración del Holocausto. El debate dejó rápidamente de ser una conversación sobre vestidos para convertirse en una discusión sobre memoria y responsabilidad institucional. Finalmente, Galliano y el Met decidieron no continuar con la exposición.
¿Tiene memoria la moda?
La moda tiene una memoria extraordinaria. Guarda vestidos durante décadas, conserva fotografías, bocetos, campañas y desfiles, rescata diseñadores olvidados y vuelve una y otra vez sobre colecciones que alguna vez parecieron adelantadas a su tiempo. El pasado es, en muchos sentidos, uno de los grandes materiales con los que trabaja.
Pero recordar no siempre significa celebrar. Un museo tiene la responsabilidad de conservar y contextualizar. Eso implica aceptar que una misma persona puede haber producido una obra extraordinaria y, al mismo tiempo, haber protagonizado episodios que no pueden ser borrados de su historia.
Podemos admirar la construcción de una silueta, reconocer la influencia de sus desfiles y estudiar su capacidad para transformar una colección en narrativa sin convertir esa admiración en una absolución. Una cosa no tiene necesariamente que borrar la otra.
Que Horizons no abra sus puertas tampoco elimina el lugar de Galliano en la historia. Sus piezas seguirán siendo estudiadas, sus desfiles continuarán formando parte del archivo visual de la industria y su influencia permanecerá en generaciones de diseñadores. Lo que cambia es el relato.
Quizás esa sea la verdadera lección de una exposición que nunca llegará a inaugurarse. La moda tiene memoria, pero también tiene la responsabilidad de decidir cómo recordar. Galliano dedicó décadas a hablar, a través de sus prendas, de transformación, reinvención y segundas oportunidades. Hoy, paradójicamente, es su propia historia la que obliga a la industria a enfrentarse a una pregunta mucho más difícil: si una persona puede reinventarse, ¿puede también cambiar la manera en que la historia decide recordarla?

