La palabra jubilación suele provocar sentimientos encontrados entre los profesionales. Para algunos representa la vejez; para otros, el final de la vida productiva o el inicio de nueva etapa. En países donde existe poca confianza en los ingresos que se recibirán durante el retiro, también puede percibirse como una meta distante o difícil de alcanzar.
Maggly Uzcátegui, estratega financiera especializada en creación de capital y protección patrimonial, propone abordar el concepto desde otra perspectiva. Su planteamiento consiste en aprovechar el salario, el trabajo y las habilidades profesionales durante los años de mayor productividad para construir los recursos que sostendrán el futuro. “Hay que comenzar a ver la jubilación como creación de capital”, afirma.
Para la fundadora de Advisor by Maggly, hablar del retiro durante la etapa productiva permite diseñar una estrategia orientada a alcanzar una mayor autonomía financiera. Esto no significa conocer con exactitud cómo será la vida dentro de 20 o 30 años, sino comenzar a reunir los recursos necesarios para responder a distintos escenarios y financiar el estilo de vida deseado.
La especialista recuerda que, durante una asesoría, una clienta le confesó que hablar de jubilación la hacía sentirse vieja. Su respuesta fue invitarla a utilizar esa preocupación como una motivación para actuar. Detrás de la anécdota existe un principio financiero: no es necesario tener completamente definido el futuro para comenzar a prepararse. “Hoy no lo tienes claro, no importa. Comienza a crear capital; ya lo irás teniendo claro con el tiempo”, recomienda Maggly Uzcátegui.
Uzcátegui habla desde su propia experiencia. A los 31 años comenzó a estructurar de manera consciente un plan para alcanzar, antes de los 40, una posición patrimonial que le permitiera reducir su dependencia del salario. Había adquirido su primera propiedad a los 27 años, pero posteriormente intensificó su estrategia mediante la reorganización de sus gastos, el desarrollo de negocios, la compra de inmuebles, el uso planificado del financiamiento y la creación de fuentes de ingresos complementarias.
La estratega alcanzó su objetivo a los 39 años, aunque continúa trabajando. La aparente contradicción desaparece cuando explica su definición del retiro: “Jubilarse es estar bajo tus propios términos: trabajar a la hora que quieras y desde donde quieras”.
Su meta, por tanto, no consistía en dejar de producir, sino en desarrollar la capacidad económica para decidir cómo organizar su vida profesional y personal. Desde esta perspectiva, la jubilación no se limita a alcanzar una edad determinada o comenzar a recibir una pensión, sino que representa una etapa respaldada por suficiente capital para disminuir la dependencia del trabajo.
Planificación femenina
Uzcátegui considera que la creación de capital es particularmente importante para las mujeres, debido a que sus trayectorias laborales pueden experimentar pausas o cambios relacionados con la maternidad, las responsabilidades de cuidado, el divorcio, la viudez, la pérdida de empleo o determinadas decisiones personales.
Contar con recursos propios permite afrontar estas transiciones desde una posición de mayor seguridad. “Que tengas dinero que te respalde ante una maternidad, un cese laboral o cuando decidas jubilarte”, señala.
La disponibilidad de capital también influye en la capacidad de abandonar situaciones profesionales o personales que ya no responden a los intereses de una persona. “Cuando tenemos un dinero que nos respalde, tomar decisiones y dar pasos hacia adelante resulta más fácil que permanecer estáticas, soportando situaciones por temor a retroceder”, sostiene.
Desde esta mirada, la planificación financiera no solo permite prepararse para el retiro, sino que también amplía la capacidad de elección durante las distintas etapas de la vida.
Patrimonio disponible
El primer paso para diseñar una estrategia de jubilación consiste en identificar los bienes y recursos que ya se poseen. La creación de capital no se limita al dinero acumulado en una cuenta destinada al retiro. Una vivienda propia, un terreno heredado, un negocio, inversiones financieras u otros activos también forman parte de la situación patrimonial.
Realizar este inventario permite conocer el punto de partida y determinar qué tan cerca o lejos se encuentra una persona de la estabilidad económica que desea alcanzar. También ayuda a identificar activos que podrían generar ingresos, aumentar de valor o utilizarse como parte de una estrategia de largo plazo.
Después de conocer la situación actual, corresponde establecer un objetivo financiero. Como referencia educativa, Uzcátegui utiliza principios vinculados con la regla del 4%, un método que parte del ingreso anual estimado para el retiro y lo multiplica por aproximadamente 25 para calcular el capital que potencialmente podría sostener ese nivel de retiros.
El resultado no debe interpretarse como una garantía, sino como un punto de partida que debe ajustarse según variables como la inflación, la expectativa de vida, la rentabilidad de las inversiones, los impuestos, los gastos proyectados y las circunstancias particulares de cada persona. Para Uzcategui, la principal utilidad del cálculo consiste en darle dirección al proceso. “Es importante que tengas un norte”, expresa.
Decisiones actuales
Una vez definido el capital objetivo, la meta debe convertirse en acciones concretas. Esto implica determinar cuánto dinero se destinará periódicamente a su construcción, reorganizar los gastos, desarrollar activos, diversificar las fuentes de ingresos y establecer el nivel de riesgo que cada persona puede asumir.
El proceso también exige revisar cuánto del estilo de vida actual está limitando la posibilidad de financiar la libertad futura. Sin embargo, Uzcátegui aclara que prepararse para la jubilación no significa vivir permanentemente desde la privación. Durante los años en los que construyó su patrimonio continuó viajando y disfrutando de experiencias que consideraba importantes, pero las incorporó dentro de su planificación.
“Lo que no puedes es hacerlo todo al mismo tiempo. Tienes que presupuestarlo, proyectarlo y entender que todo tiene su momento”, explica. El propósito es lograr un equilibrio entre las necesidades presentes y los objetivos futuros, evitando que el consumo actual comprometa por completo la capacidad para ahorrar, invertir o responder ante situaciones imprevistas.
Otro componente de la estrategia consiste en transformar una parte de los ingresos obtenidos mediante el trabajo en activos capaces de generar recursos o conservar su valor a largo plazo. En el caso de Uzcategui, el salario sirvió para financiar negocios y adquirir propiedades. Para otras personas, la ruta podría incluir instrumentos del mercado financiero, emprendimientos, inversiones inmobiliarias o una combinación de varias alternativas.
La especialista advierte, sin embargo, que la elección del producto financiero debe realizarse después de definir el objetivo. “¿Qué quieres lograr?”, es una de las preguntas que plantea durante sus procesos de asesoría.
La estrategia de una persona que desea retirarse completamente a los 65 años será distinta de la de alguien que pretende reducir su jornada laboral a los 45, dedicar más tiempo a sus hijos, emprender, viajar o dejar de aceptar proyectos únicamente por necesidad económica. Las decisiones también dependerán de los ingresos disponibles, el horizonte de tiempo, la tolerancia al riesgo y las responsabilidades familiares.
Por esta razón, la planificación del retiro termina siendo menos una conversación sobre la edad y más una decisión relacionada con la autonomía. Es ahí donde reside la diferencia entre ahorrar únicamente para la vejez y construir patrimonio con una intención definida.
