La vida de Jesús en la Biblia inicia con su genealogía. ¿Qué nos estará diciendo? Aun sin llamarle historia como disciplina, demuestra lo importante de ubicar de qué “palo uno viene”, cuál es su clan. Jesús venía del linaje Davídico, el más grande rey de su pueblo.
Importante para cada persona conocer su ancestralidad: línea que se pierde con la migración, actual y ancestral. El desarraigo del inmigrante corta sus raíces. Sucedió a los africanos traídos, a los europeos llegados y a originarios sobrevivientes del exterminio de pueblos.
Esa estocada a la continuidad genealógica de pueblos se suma la unión de visitantes con las nativas, los afros y sucesivas migraciones, surgiendo dos formas de hibridación: en el plano simbólico-cultural, y en el plano biológico.
Todos aprendieron lenguas nuevas, creencias y otras visiones del mundo, determinantes culturales, sin perder totalmente la identidad. Kusch lo llama “fagocitación” del ser. No es simplemente asimilación pasiva de elementos culturales ajenos, sino un proceso activo y creativo de reelaboración”.
La fagocitación de árboles genealógicos durante 5 siglos resulta en integraciones muy visibles en los cuerpos, en los ritmos, en el intelecto, en las creaciones artísticas y religiosas. Como el Ballenato de Colombia, ritmo que contagia a miles de personas, creado a partir del acordeón, instrumento alemán.
O la Fiesta de San Juan, en Brasil convoca a millones, en torno a una figura cristiana. Quizás esconde la hibridación de la milenaria tradición del Inti Raimi. Ceremonia al sol de los nativos. Donde la fogata de San Juan representa una suplantación cultural, pudiendo convertirse en punto de encuentro de culturas.
Como en la ceremonia de la Luz de la Resurrección de Cristo, la fogata simboliza la luz del Sol desde lo Alto, del Cántico de Zacarias. Son ceremonias de fuego, que muestran un potencial del gran “Árbol Hibridado” respetuoso de muchas identidades.
Invito a reconsiderar la ética de la migración y de la hibridación cultural.
