“La indiferencia política también es una falta ética, porque debilita la democracia”
Jean-Paul Gagnon, politólogo australiano-canadiense muy influyente en los debates contemporáneos sobre democracia, ética y ciudadanía, especialmente desde una perspectiva crítica, plural y global, plantea que no existe una sola democracia; identifica más de 200 tipos (electoral, representativa, participativa, deliberativa, directa, monitorizada…) que deben ser estudiadas a lo largo de la historia y tomando en cuenta las distintas culturas.
Dice que la ética democrática debe basarse en el respeto a la diversidad cultural y política, en el reconocimiento del “otro” y en la humildad epistemológica (ningún modelo es superior por sí mismo).
La ciudadanía ética implica aceptar que ser buen ciudadano no significa obedecer un único ideal democrático, sino convivir responsablemente con múltiples formas de participación y poder. La ciudadanía no se reduce al derecho al voto y a la pertenencia jurídica al Estado; no es solo obedecer leyes, sino vigilar críticamente a quienes las hacen y las aplican; debe ser una práctica activa, una relación con el poder de forma participativa y ética. La posibilidad de deliberar, cuestionar, resistir, cuidar lo común y vigilar los que gobiernan, son para él los elementos básicos de la ciudadanía.
En síntesis, Gagnon supera las visiones reduccionistas sobre la democracia. Cree que esta no elimina el poder, sino que lo redistribuye y lo hace visible. Considera que el poder siempre tiende al abuso, por lo que la ciudadanía tiene una responsabilidad ética de vigilancia; por la transparencia, la rendición de cuentas y porque existan los controles necesarios para impedir la corrupción. La pasividad ciudadana favorece formas “silenciosas” de autoritarismo. La democracia no es un modelo acabado: avanza, se transforma, retrocede, se practica en el día a día; y en esa dinámica participativa, la ciudadanía entonces se ejerce de forma ética.
Les invito a hurgar en sus poblaciones.
