En la sociedad de consumo actual cada compra se convierte en una puerta abierta al acoso informativo.
Tras adquirir bienes o servicios, el cliente es bombardeado con encuestas, solicitudes de reseñas y mensajes publicitarios que parecen no tener fin. La interactividad, presentada como un beneficio, se transforma en una carga insoportable. Los datos personales, entregados ingenuamente en tiendas físicas u online, se convierten en la llave de acceso a una cadena interminable de oferentes insaciables. Los consumidores, indefensos, quedamos atrapados en un flujo de información excesiva, sin opción real de escapar. Esta invasión constante erosiona la libertad de elegir y el derecho al silencio.
