Buzones

La instalación por la Dirección de Ética e Integridad Gubernamental de buzones físicos para recibir denuncias sobre el uso de recursos públicos parece un paso hacia la transparencia, pero su efectividad depende de algo más profundo: la confianza. Anonimato no basta. En instituciones donde persisten viejas prácticas, acercarse a un buzón puede convertirse en una señal incómoda, incluso peligrosa. Por eso, proteger al informante no es un detalle técnico, sino la condición mínima para que el mecanismo funcione. Tampoco de nada sirve multiplicar buzones si las denuncias terminan archivadas o ignoradas. La ciudadanía necesita garantías reales de que cada señalamiento será investigado y que el denunciante no pagará el precio de su valentía

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