Algunos analistas internacionales sostienen que la reciente escalada de la guerra en Medio Oriente marca el principio del fin del conflicto. Esa lectura abre espacio al optimismo, pero no cambia el hecho de que la crisis petrolera seguirá presionando los precios mucho después del cese de hostilidades. En nuestro país la mayoría de los hogares de las capas bajas y medias ya están al límite en cuanto a ajustes presupuestarios. La macroeconomía se muestra resiliente, positivamente, pero la verdadera señal de estabilidad será que las decisiones públicas tomen en cuenta -sin populismos- a quienes ya no tienen de dónde recortar, incluyendo real claridad sobre cómo y por qué suben los costos.
