Las estadísticas son imprescindibles para establecer tendencias, medir y comparar la evolución en áreas y actividades sociales. No somos un país de larga ni buena tradición estadística, pero gradualmente el recurso se ha instaurado, a niveles público y privado. Sin embargo, a veces parece que confrontamos una eterna batalla entre estadísticas -públicas- y realidad. Cuando el gobierno, por ejemplo, subraya que delincuencia, ratería, atracos y violencia han descendido en frecuencia y números, personas con experiencias de atracos o parientes de víctimas por actos de violencia generados por antisociales suelen reaccionar con incredulidad. Quizás la percepción es más fuerte que cualquier cuantificación estadística, aún fundamentada. Cada uno valora la fiesta según le va.
