Es poco lo que podemos hacer internamente ante acontecimientos que están lejanos y fuera de nuestra esfera de acción o control. Pero frente al conflicto bélico en el Medio Oriente surge la necesidad de considerarse planes de contingencia. Esto se impone tanto desde el ámbito público como privado, principalmente los sectores productivos. Estos últimos son los que más atención deben prestar a la escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán, pues mucha de nuestra producción depende de una especie de ensamblaje con manufactura foránea. El Gobierno inicialmente ha subsidiado todos los carburantes, lo que fomenta momentánea tranquilidad. La población, entretanto, siempre al grito por las alzas, comienza a abrigar adicionales inquietudes.
