Mal crónico

La corrupción administrativa es un mal crónico entre nosotros, una malsana práctica que no descansa. Por eso, entre las cosas obligadas a preguntar a candidatos a la presidencia debe figurar cuál sería la actitud ante ella, si se sancionaría o no. Si responden que “esa pregunta es innecesaria, en mi gobierno no habrá corrupción”, habría que replicarles que hay que esperar que la haya, que alguien muy probablemente “meta la mano”. Esa ha sido la siempre la historia; en ningún gobierno falta la tendencia dolosa, mirar a los puestos públicos como oportunidad para “buscar lo mío”. Hemos mejorado en combate a corrupción e impunidad; pero todavía cultural y socialmente somos robo público-tolerantes.

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