En todos los grandes escándalos de corrupción registrados en los últimos tiempos la tónica es la misma: ¿qué pasa con los controles?, ¿dónde están?, ¿por qué fallan?, ¿por qué no funciona el aparato destinado a prevenir fraude y dolo en la administración pública? Nadie se lo explica. El chanchullo de Senasa vino a “destaparse” al cabo de cinco años, cuando iba ya por más de RD$15 mil millones, según dice la Procuraduría, y cuando supuestamente hay un aparato de prevención de precisamente manejo doloso del dinero público en el que estamos llamados a confiar. Bueno, ya dado el golpe, resta esperar que no haya impunidad y… hasta la próxima.
