La geopolítica puede lucir complicada, pero, en términos simples, se reduce a “toma y daca”: qué te doy, qué recibo a cambio. La reciente postura de Washington hacia República Dominicana, expresada por la embajadora Leah Campos, refleja ese intercambio. Al anunciar que no habrá más presiones humanitarias y que se respeta la política migratoria dominicana frente a Haití, Estados Unidos envía un mensaje de aparente consideración. Pero la pregunta obligada es ¿qué busca a cambio? El nombramiento de Campos y las visitas de Marco Rubio y Pete Hegseth sugieren amabilidad por intereses estratégicos. El Caribe, escenario de disputas estratégicas entre potencias durante cinco siglos, vuelve a ser tablero de poder.
