En el artículo anterior hablamos de la necesidad de abrazar la crítica cultural ante un mundo embelesado por las veleidades de los algoritmos y los modelos de inteligencia artificial como una forma de honrar el talento de los creadores, pero eso eso es sólo una arista de una tendencia más amplia: la práctica de dejar de lado el criterio editorial y publicar respuestas automáticas como si fueran periodismo. La IA no solo reemplaza críticos, analistas y redacciones completas, sino que también empieza a aparecer disfrazada de fuente, en una nueva especie de notas que se multiplican cada semana en medios grandes y pequeños: los artículos “según la IA”.
Titulares como “Estas son las mejores obras de tal compositor, según la IA” o “Los mejores libros de tal autor, según la IA” se han vuelto moneda corriente. No citan a expertos ni se basan en datos reales. Se le pregunta algo a un chatbot, se copia la respuesta, se arma un titular y se publica. A veces con una nota al pie (“esta información fue generada con inteligencia artificial”); otras, ni eso.
Lo que está en juego va más allá del uso de una herramienta, sino que afecta la idea misma del oficio. ¿Qué significa ser crítico o periodista en tiempos de IA? ¿Reproducir respuestas automáticas? ¿Tercerizar la curiosidad inherente al oficio? ¿Renunciar al juicio propio?
La inteligencia artificial, más allá de generar contenido, parece que también está aventurando (o se lo estamos permitiendo) a “reconfigurar” el periodismo. En muchas redacciones, se copia lo que dice un modelo predictivo de texto y se publica sin verificar, sin contexto, sin responsabilidad. Más allá de sus beneficios (verificación, automatización, traducción), la IA plantea riesgos graves: desinformación amplificada y homogeneización de voces. Eso, sin contar el desequilibrio estructural propiciado por los grandes modelos que extraen contenido sin pagar, mientras los medios pierden ingresos. Un síndrome de Estocolmo redondo.
Ya no se trata de si una IA escribe bien o mal. Se trata de si propaga errores, impone sesgos, recicla basura con un tono de autoridad o perjudica el ejercicio periodístico. La crítica y el periodismo no puede ser repetir lo que dice una máquina. Debe contrastar, explicar, contextualizar y conectar puntos, en fin, ejercer criterio. Y eso, por ahora, no se puede automatizar.
