En “La Metamorfosis” de Kafka – que en algunos países es conocido como “La Transformación”-, Gregorio Samsa despierta transformado en un insecto. Lo impactante es que su primera preocupación es que llegará tarde al trabajo.
Pero no se trata de que sea un adicto o un “trabajólico”. Trabajar para Gregorio es una necesidad. Tiene que hacerlo para mantener a sus padres y a su hermana. No se trata de él. Se trata de hacerlo por otros. De tener personas que dependen de él.
Gregorio está cansado. No está feliz en su trabajo. No soporta a su jefe. Pero tiene que trabajar. Por eso le preocupa tanto.
La parte compleja no es la transformación, ni quedarse solo. Es que va perdiendo importancia en su familia y en la sociedad, porque ya no es útil.
Y no debería ser así. El ser humano no es una máquina. No valemos por lo que ganamos, producimos o por la cantidad que trabajamos. Somos más que eso.
Trabajamos por necesidad: para comer, para pagar un hogar, para existir. Pero nuestro valor no radica ahí. Le servimos al sistema, claro que sí. Pero no debería ser nuestra única razón para vivir o para que se nos valore.
Kafka escribió esto en 1915. Pero hoy es peor. Gregorio tenía a su familia tocando la puerta. Nosotros tenemos hoy llamadas perdidas, mensajes sin leer, notificaciones en todas las apps y a la Inteligencia Artificial, con su amenaza agéntica, insinuando que hará lo que nosotros hacemos. La puerta ya no es una. Son cien.
Tal vez hoy alguien necesita escuchar esto: tu valor no desaparece cuando dejas de rendir. Eres algo más importante y complejo que eso. No eres Gregorio.
Kafka escribió esto en 1915. Lleva más de un siglo describiendo tus días. Pero tú no despiertas transformado en un monstruoso insecto, tú sigues igual, y tienes que ir a trabajar.
Solamente, no dejes que tu identidad, tu valor y tu existencia dependan de eso.
