En el pasado agosto se viralizó una noticia sobre una bebé registrada con el nombre de “Chat Yipití” en Colombia. La nota salió en medios colombianos e internacionales, incluso en grandes medios dominicanos.
Luego de la viralidad, la registraduría informó que no existía ninguna inscripción de nacimiento con ese nombre, con lo que desmintió la información y a todos los medios que replicaron la noticia por clickbait.
Aunque algunos medios rectificaron y bajaron la nota original, la información falsa ya era viral, en post de medios y redes sociales. Como suele ocurrir con muchas noticias falsas, la información ya quedó instalada en los algoritmos y en el imaginario de muchas personas.
Es lo que se conoce como “efecto bola de nieve”: una vez que la noticia entra en canales masivos (influencers, medios, figuras) su alcance se multiplica y, aunque luego se desmienta, la corrección tiene rara vez el mismo nivel de difusión. El caso deja en evidencia la necesidad de alzarse en contra de la “dictadura del clickbait” y recuperar la deontológica acción periodística de verificar.
Las noticias falsas suelen apelar a emociones fuertes -indignación, miedo, sorpresa, ternura- lo que aumenta la posibilidad de que la gente la comparta sin verificar. Además, se apoyan en atajos mentales o sesgos cognitivos. Uno de ellos, el de clase y raza: la información reforzaba la creencia de que las personas empobrecidas le ponen a sus hijos nombres absurdos porque son ignorantes. Aunque también la gente rica lo haga, pero a nadie le parece absurdo que le ponga “SuMajestad” o “SuAlteza”, para reforzar la narrativa de “exclusividad”.
En tiempos de IA -y de venideras campañas electorales- es fundamental desacelerar un poco la rapidez a la que estamos acostumbrados a replicar información sin corroborarla. Como dice el escritor y periodista Carl Honoré: “En un mundo adicto a la velocidad, la lentitud es un superpoder”.
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