Dudamel y Pasión: una dupla que no “Falla”

Más que un disco conmemorativo, «Alma y Fuego: Manuel de Falla» parece una declaración de temperatura artística.

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Más que un disco conmemorativo, Alma y Fuego: Manuel de Falla, de Gustavo Dudamel junto a la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela y los españoles Pasión Vega y Javier Perlanes parece una declaración de temperatura artística. Lo que vino acompañado con una suerte de “campaña de intriga” finalmente vio la luz ayer viernes 12 de junio: dura 58 minutos, reúne la versión de 1925 de El amor brujo, Noches en los jardines de España y fragmentos de El sombrero de tres picos y surge en dos marcos conmemorativos: el 150 aniversario del nacimiento de De Falla y los 50 años de El Sistema de Orquestas venezolano, del que Dudamel es sempiterno emblema.

En Alma y Fuego, Dudamel no barniza a Falla con españolismo de escaparate: lo devuelve a su condición de rito, teatro y herida. En El amor brujo, la Simón Bolívar muerde el pulso con precisión feroz y la voz de Pasión Vega aporta carne, sombra y dignidad, sin folclorismo turístico.

Mientras que la Danza ritual del fuego no busca solo deslumbrar, sino arder por dentro. Lo más hondo aparece quizá en Noches en los jardines de España. En ella, el pianista Javier Perianes comprende que aquí el piano no domina: escucha, se mezcla, sueña desde dentro de la orquesta.

Mi único reparo, a la luz del perfil que dibujan estas tomas, es que algún clímax parece recrearse más de lo necesario, pero incluso ese exceso puede justificarse a la luz de la verdad expresiva del proyecto. Este Falla “no falla”: seduce, sacude y deja memoria.

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