La rebelión de las heroínas de Verdi

Saltar de Wagner a Verdi (o viceversa) es, de entrada, un acto revolucionario, ya que los estilos de composición de ambos autores son muy diferentes. Por ello, lo que ha hecho la soprano noruega Lise Davidsen, consagrada intérprete wagneriana, con su reciente lanzamiento dedicado a Verdi, junto al director Edward Gardner y la London Philharmonic Orchestra, ha recbido el abrazo unánime de la crítica; pues dota a las protagonistas femeninas de la ópera verdiana de un poder radiante y una gran vulnerabilidad (aunque ninguna de las mujeres de Davidsen es precisamente tímida).

El recital comienza con una imponente Lady Macbeth, con una coloratura impecable y agudos brillantes que parecen no requerir esfuerzo. Y el acompañamiento orquestal le brinda a Davidsen suficiente libertad para crear una intrigante más reflexiva de lo habitual.

Por cada kilovatio de potencia, Davidsen busca, y encuentra, los contrastes. Esto se hace más evidente en el aria de Un Ballo in Maschera, donde Amelia suplica ver a su hijo por última vez. También está presente en el fatalista Tu Che le Vanità de Elisabeth en Don Carlo, pero también se puede encontrar en los rincones más oscuros de La Luce Langue de Lady Macbeth.

Hay belleza vocal cuando Elisabeth consuela a su dama de compañía despedida y una serenidad radiante cuando Leonora eleva su voz en oración en La Forza del Destino. Sin embargo, su interpretación más conmovedora se da en el monólogo de Amelia en el “campo de la horca” de Ballo, y al lidiar con las emociones públicas y privadas en Ritorna Vincitor! de Aida.

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