De Sofiane Pamart admiro su premeditada intención de no encajar en el molde clásico del pianista de conservatorio. Formado en música académica desde niño en Lille, donde obtuvo medalla de oro, pero criado también entre influencias urbanas, rap, moda y cultura pop, ha construido una figura rara: la del virtuoso que no quiere parecer intocable.
Pamart es el pianista clásico del siglo XXI y su carrera se entiende mejor desde esa tensión: Chopin y Ravel en una mano; el hip hop francés, la narrativa visual, así como el espectáculo contemporáneo en la otra.
Movie (2026), su nuevo disco, lleva esa idea al extremo. El disco, concebido como una banda sonora para una película imaginaria, reúne 20 piezas, una gran arquitectura orquestal y colaboraciones internacionales que van de Sia y Nelly Furtado a J Balvin, Wyclef Jean y Christine and the Queens. También aparece la Orquesta y Coro Filarmónico de Praga, con 70 músicos y 24 coralistas, lo que explica su ambición casi cinematográfica.
Pero lo más interesante no es el tamaño del proyecto, sino su intención: Pamart quiere devolverle al piano una función narrativa. A veces lo logra con una belleza directa, casi de primer plano; otras, la producción roza el exceso y amenaza con convertir la emoción en decorado.
Aun así, Movie confirma algo importante: la música clásica no habla solo desde el gran auditorio, también puede hacerlo desde la pantalla, la calle y el deseo de una generación que quiere sentir antes de entender.
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