De qué van las cosas...

Señor director. Ahora más que nunca, nada es lo que parece, la vida nos fuerza a sentirnos presa de los demás, oprimidos y sometidos por la calamidad y las desgracias, y en lugar de ver la luz al final del túnel, la oscuridad se sigue extendiendo hasta el más allá.
Lamentablemente este es el sentir generalizado de la población mundial, pues en todos los ámbitos y rincones se escucha el mismo grito de dolor y pesar, y las amarguras están tomando demasiado protagonismo en el diario vivir. Las personas se mantienen mayormente alteradas y andan a la defensiva, pero si había un país que siempre sacaba de abajo y ponía la nota jocosa ante las adversidades, era el nuestro. Y digo era, porque últimamente el aire huele a pesimismo, a desgracia y a lamentaciones.

A pesar de los intentos del nuevo gobierno por paliar la crisis económica, y mejorar la salubridad y las condiciones de vida, soplan aires de envidia mal llevada, de viejos rencores, de cobardía y de hostilidad desmedida, de desesperanza... Por el momento sólo contamos con algunas ayudas inmediatas, sus proyectos y planteamientos, y sus promesas futuristas, que de hecho hay que darle tiempo para poder saber si se harán realidad. El gobierno apenas salió del vientre y aun no puede ver las cosas tan claras, hay mucha niebla de por medio, además de que no conoce todos los riesgos a los que se habrá de enfrentar, y menos aún las trabas, engaños y maldades que tendrá que ir desentrañando y expulsando de su círculo, para sacar adelante al país y nación.

Dominicanos, con motivo de conmemorar un año más de nuestra independencia nacional, no nos olvidemos de que “Quisqueya la indómita y brava, siempre altiva la frente alzará...”
Mantengamos en alto nuestros ideales de respeto y consideración, para esto, la situación actual amerita entendimiento, mucha comprensión, solidaridad y empatía, y sobre todo paciencia, mucha paciencia, además de nuestro sentido del humor y nuestra tan arraigada amabilidad y condescendencia, no olvidemos que es parte de nuestras raíces culturales e idiosincrasia y ha estado y está latente en nuestra nación democrática por muchos años.

Dicen que vivir es complicado, que criar los hijos es una complicación mayor, y que dirigir cualquier empresa o institución, aún lo es más, pero dirigir una nación con tantos desórdenes sociales, económicos, políticos y morales, es una muy dura tarea, y ante este estado de locura que ha generado la pandemia, es un suicidio..., así que para salir airosos y con vida del desafío, ayudemos al estado con nuestro civismo a hacerlo bien.

Celebremos que al menos somos un país en paz, donde todavía salimos a pasear, al supermercado o a bebernos unos tragos, sin justificarle a ninguna autoridad para dónde vamos, que todavía hay libertad, pues aunque no lo creamos, nos la pasamos mejor que muchos de nuestros países hermanos, y que la mayoría de los que suelen llamarse desarrollados, donde los controles, los mantienen acorralados.
Idalia Harolina Payano Tolentino
Colaboradora

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