Culpa compartida

La culpa es la imputación hecha a una persona por una acción (o abstención) que ha sido resultado de su conducta. Es el hecho de causar una situación generadora de responsabilidad civil, penal o de cualquier otra naturaleza. Resulta en una carga para quien haya cometido un acto que comporta en contrapartida el derecho a resarcimiento a favor de otro para tratar de colocar las cosas en el mismo lugar donde estaban antes de su ocurrencia. Sin embargo, esa responsabilidad es repelida como enfermedad contagiosa porque nadie quiere asumirla, se prefiere repartirla o que se cargue a la sociedad. En efecto, con mucha frecuencia se busca el motivo del evento impactante que escandaliza, en lugar de señalar al causante directo que lo provocó y se pretende justificarlo, fuera de la libérrima decisión del individuo de preferir hacer el mal, antes que emprender el camino correcto.

Efectivamente, tras una decisión dañina tomada, surgen multiplicidad de teorías para excusar su comisión: Que si la educación era limitada y no tenía referentes de valores en su casa, que si tenía alteraciones mentales, que si la falta de oportunidades lo llevó a caer en la tentación, que si el entorno le facilitó sus fechorías porque prefirió guardar silencio o que otros hicieron lo mismo en condiciones similares. Y la peor de todas, que la víctima facilitó el acontecimiento del que tuvo finalmente que sufrir sus consecuencias. Es como si se quisiera atemperar el ardor del suceso envolviéndolo de excusas para reducirle su gravedad.

Si bien es cierto que existen circunstancias exógenas que contribuyen a que ciertas actuaciones perjudiciales no se detengan a tiempo, el evento primordialmente le corresponde a quien, teniendo la posibilidad de elegir, optó por la vía más fácil ante otras que lo hubieran llevado al mismo resultado, pero con mayor esfuerzo, tiempo y dificultad. Cuando una mujer ha sido víctima de violencia, enseguida se indagan las razones para el abuso, en vez de al que lo propició. Si se trata de un funcionario corrupto, hay que examinar si los correctivos para evitarlo se pusieron en marcha. Un menor vejado por un adulto (de confianza, usualmente) conduce la mirada hacia sus padres y no al agresor.

En cualquiera de los escenarios, ha existido la voluntad del autor al que se le quiere exonerar de sus culpas o disminuir su participación, cuando siempre tuvo el espacio para ese monosílabo corto y contundente del “no”. Hasta a los primeros ocupantes del planeta se les dio la oportunidad de elegir y, a pesar de la advertencia como llamado a su conciencia, prefirieron tomar la manzana del árbol, antes que sembrarlo para producir sus propios frutos.

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