Pensar no es una costumbre cómoda. Es, más bien, una inquietud persistente. Algo que se instala en nosotros y no nos deja en paz. Uno puede intentar ignorarlo, llenar el día con ruido o con certezas prestadas, pero tarde o temprano aparece esa pequeña fisura donde nace la pregunta.
Mi amigo intelectual y filosofo, Joseph Mendoza lo expresa en su libro “La duda de la duda”. Dice que no dudar es renunciar a pensar. La frase parece simple, pero pesa. Renunciar a la duda es aceptar el mundo tal como nos lo entregan, sin tocarlo, sin moverlo. Es vivir dentro de una habitación donde todas las ventanas ya están cerradas.
El ser humano no puede sostener esa quietud por mucho tiempo. En algún momento aparece el impulso de abrir una ventana. Pensar comienza ahí. En ese lugar donde una sospecha se convierte en palabra y la palabra deja una idea que nos acompaña.
Sócrates lo entendió hace siglos. No escribió tratados ni levantó sistemas complicados. Caminaba, hablaba y preguntaba. Su método era tan sencillo que muchos lo confundieron con ignorancia. Pero en cada pregunta había una forma de inquietar al otro, de mover el suelo bajo sus pies. La duda no era para él un obstáculo. Era el camino.
Al final, la duda siempre conduce a algún lugar del saber. No ofrece respuestas definitivas, pero abre caminos. Y a veces eso es suficiente.
Hoy es viernes y me permito dudar de muchas cosas que veo y escucho. No lo hago por desconfianza gratuita. Lo hago porque la duda es, quizá, la única forma honesta de estar en el mundo. Crecí en el sur de mi país, donde los caminos no siempre están señalados. Allí uno aprende a mirar el cielo, la tierra, el silencio de los demás. Y también aprende a preguntar.
Dudar, en ese paisaje, no era una debilidad. Era una forma de orientarse.
Tal vez pensar sea eso. Caminar con preguntas. Aceptar que la certeza absoluta es rara y que, aun así, seguimos avanzando.
Porque mientras exista una pregunta en nosotros, todavía estamos pensando. Y mientras pensamos, de algún modo, seguimos buscando el camino.
Demuéstrame que estoy equivocado…
