Definido como pasión de multitudes, el fútbol es el deporte más popular del mundo, aunque en el Caribe insular, incluida nuestra media isla, el béisbol ocupe el primer lugar en las preferencias de las mayorías.
Nuestro país ha experimentado en el último cuarto de siglo una evolución respecto del fútbol, que podría asociarse a la masificación de las redes sociales y de la comunicación digital; esa evolución tiene que ver con el creciente interés de los dominicanos por el balompié.
El mundial de 2002 figuraba en las páginas interiores de los suplementos deportivos dominicanos, los partidos se transmitían muy temprano porque se jugaba en Japón y Corea del Sur, en 2006 se jugó en Alemania y por primera vez el fútbol ocupó las primeras planas de las páginas deportivas, los colegios privados lo incorporaron a sus prácticas y el fútbol se transformó desde entonces en un fenómeno de clase media.
Veinte años después, la mayoría de los dominicanos tiene hasta su selección favorita en el torneo intercontinental, muchos se inclinan por Brasil, Argentina, Colombia, España, Francia, Estados Unidos en algunos casos y, como siempre, aparecen los “opinólogos” que impresionan con sus sesudos análisis de los esquemas de juego y hasta vaticinan resultados.
La popularidad de los deportes como el béisbol, fútbol, baloncesto, voleybol, boxeo, tiene que ver con que ofrecen a quienes los practican la posibilidad de un ascenso económico, los ídolos generalmente salen de sectores vulnerables, firman contratos millonarios y se alejan del barrio para regresar cada tanto, a lucir sus riquezas y a mostrar las huellas de su triunfo.
Y aunque sabemos que el fútbol es un negocio que mueve millones, que tras bambalinas hay hasta estructuras mafiosas que se lucran con todo lo que tenga que ver con el dinero, preferimos disfrutar del espectáculo, porque el fútbol es en cierto modo, el juego perfecto: en los noventa minutos se ve la habilidad, la resistencia, la solidaridad grupal, la grandeza del vencido y la humildad del vencedor.
Y cuando aparecen fenómenos como Pelé, Distéfano, Maradona o Messi, asistimos a esa especie de milagro que inflama los corazones y desata el grito emocionado de un gol que se graba para siempre en la memoria.
