La teología es el estudio sistemático de la naturaleza y atributos de Dios, basado en textos bíblicos, dogmas y tradiciones, y para el caso que nos ocupa es el título de un cuento de Borges.
En esa historia, que se puede leer en internet, dos teólogos rivales, Juan de Panonia y Aureliano de Aquilea, compiten secretamente, con mal disimulado odio, en un duelo en que ambos escriben sus tratados con estilos diferentes, Juan de Panonia es medido, certero y conciso, mientras que Aureliano es más rebuscado.
Un día Aureliano encuentra una frase de Juan que sonaría dudosa para la Inquisición, lo denuncia subrepticiamente, la Inquisición le exige retractarse, Juan se niega y es condenado a la hoguera por hereje, algo muy común en la Edad Media.
Aureliano abandona después su ciudad y se dirige a una selva donde muere en un incendio, de una manera parecida a la que pereció su rival, ambos consumidos por las llamas.
Panonia estaba ubicada entre Hungría y Austria, y Aquilea en Italia, entre el Friuli y Venecia, lo que en tiempos medievales suponía distancias enormes que, sin embargo, no atenuaban el rencor que ambos teólogos se tenían, aunque el relato se centra más en Aureliano que en Juan, de cuya obra el narrador dice que solo han perdurado veinte palabras.
En los tiempos actuales, cuando ya la Inquisición cambió de nombre, su poder alcanza solo a las estructuras internas y las hogueras son un mal recuerdo, la Iglesia suele llamar a silencio a ciertos teólogos cuyas tesis no se “ajustan” a los postulados básicos de la doctrina católica.
En el relato de Borges, que si se hubiera publicado en aquella época hubiera llevado al mismo autor ante el tribunal inquisitorial, se mencionan muchas corrientes teológicas que pululaban en el imperio romano, cuando las escrituras eran interpretadas por los pocos letrados que existían, porque la inmensa mayoría de la población era analfabeta.
El final del cuento no impacta, pero resulta interesante: el narrador dice que Aureliano conversó con Dios, y que Dios lo tomó por Juan de Panonia, pero seguidamente aclara que no es que haya existido una confusión en la mente divina, sino que el Creador se interesa tan poco en diferencias religiosas que para él el ortodoxo y el hereje, el acusador y el condenado, formaban en realidad una sola persona.
