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Esta es la cuarta vez que elCaribe editorializa sobre el cólera. Desde que se diagnosticó el primer caso en la provincia La Altagracia de una mujer de 32 años que ingresó al país desde Puerto Príncipe, Haití, hemos hecho hincapié en un punto: las autoridades deben ser más proactivas y empáticas con la población.

Por la experiencia acumulada por Salud Pública con el gran brote de 2010 en Haití, y como en la actualidad allí no hay ningún tipo de control, a diferencia de aquella vez cuando había más estabilidad, era imperativo que se “desempolvara” un libro de entonces con los protocolos y planes avalados por la Organización Panamericana de la Salud y por el Centro de Enfermedades Transmisibles de Atlanta.

Pero aquí estamos, tres meses después del primer caso y cuando ya suman más de 30 en el país, y en Haití se registran más de 450 muertos, 1,561 casos confirmados, 22,469 sospechosos y más de 18,000 hospitalizaciones y en espera, según Médicos Sin Fronteras, de una “explosión de casos”.

De nada serviría rasgarnos las vestiduras por lo que debió hacerse y no se hizo desde que en Haití sonaron las alarmas. Ahora lo que procede es exhortar a la población a apoyar la campaña que lanzó Salud Pública desde el pasado lunes en puntos específicos del Distrito Nacional.

Las autoridades sanitarias están orientando sobre la necesidad de consumir agua potable segura, lavado de manos e higiene de los alimentos. También entregan un kit con cloro, goteros, jabón de cuaba y un folleto con instrucciones para potabilizar correctamente el agua.

Quedan dudas de la efectividad de esta “campaña nacional” que en los primeros días ha estado circunscrita a avenidas del Distrito, paradas de autobuses, transeúntes y pasajeros, con lo que su alcance, por limitado, no tendría mayor impacto que el que le proporcionarían los medios de comunicación.
La campaña tiene que ser más intensiva; la sensación es que se camina un paso detrás y que las autoridades nacionales solo se mueven con la aparición de nuevos casos.

Por la llegada de las vacunas, también hay que orientar sobre su forma de distribución y a quiénes está destinada.

Estamos ante una enfermedad “mortífera”, pero prevenible mediante las vacunas y acceso a agua potable y saneamiento. El imperativo es divulgar, crear conciencia y adoptar todas las medidas preventivas necesarias.

Posted in Editorial
agency orquidea

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