Alejandro E. Grullón E.

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    Alejandro E. Grullón E., fundador y primer presidente del Banco Popular Dominicano y del Grupo Popular, y más recientemente presidente Ad Vitam y Consejero Emérito de Grupo Popular y del Banco Popular, fue uno de los hombres de estos tiempos que más ha contribuido con el avance económico, social e institucional de la República tras el derrocamiento de la tiranía de Trujillo.

    Sus aportes son más que conocidos, lo mismo que su carrera, y ahora, cuando llega al fin de sus días, preferimos compartir sus ideas, plasmadas en las diferentes conferencias recogidas en el libro “Alejandro E. Grullón E. Discursos Escogidos”.

    Muy temprano, abogó por la democratización del país, de encarrilarlo por senderos de progreso económico, mediante la transformación de su estructura jurídico-política, y esencialmente, promoviendo cambios de actitudes, estilos de vida y pensamiento de los dominicanos. La Asociación para el Desarrollo del Cibao, luego Asociación para el Desarrollo, Inc. (Apedi), fue la cuna de sus visiones.

    Creía firmemente en el valor de la agropecuaria como la base del desarrollo económico nacional. “El sector agrícola dominicano es una de las potencialidades que tenemos que desarrollar y que forzosamente es la columna vertebral para que los demás sectores de la economía puedan desarrollarse. Sin desarrollo agrícola, no hay desarrollo económico”.

    Ya para la década de los 80 hablaba de diversificar la industria azucarera, “así como los usos alternativos de las tierras en la región Este”. Y elevar la calidad de los servicios en la economía en esa región, y la oportunidad que representaba el turismo y las zonas francas.

    Pudo divisar que el futuro nacional estaba en los cambios y las reformas económicas e institucionales ante los retos que plantearía el “irreversible proceso de globalización de las relaciones comerciales internacionales”.

    Propulsor de la Fundación Institucionalidad y Justicia, defendió la reforma del poder judicial como garantía de la construcción democrática, del estado de derecho y consolidación del desarrollo.
    Y como magnífico gestor, veía seriamente “la responsabilidad que asume un banquero en el ejercicio de sus funciones y su conducta frente a los depositantes, quienes más que depositar dinero, depositan su confianza en las instituciones financieras”.

    Don Alejandro deja un legado, una obra bien cimentada, y un conjunto de ideas que lo hacen trascender después de su partida.
    Paz a su alma.

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