Los primeros auxilios ante un paro son vitales porque el cerebro tolera muy mal la falta de oxígeno, y desde que alguien se desploma y llega una ambulancia pasan varios minutos incluso en el mejor de los sistemas, un intervalo que decide el pronóstico, igual que con una hemorragia que se controla con presión directa o con un atragantamiento.
Ante un paro cardiaco fuera del hospital, quien decide el desenlace no es el equipo de emergencias, sino quien actúa durante los primeros minutos, es decir, quien aplica el primer auxilio de una cadena de intervenciones posteriores.
Las posibilidades de sobrevivir a un paro cardiorrespiratorio en cualquier lugar aumentan el doble, y hasta el triple, cuando alguien comienza las compresiones sin esperar.
El Día Mundial de los Primeros Auxilios se celebra el segundo sábado de septiembre —en este 2026 cae el 12— por iniciativa de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, que lo instituyeron en el año 2000.
La elección del sábado no es casual, porque al ser fin de semana permite montar talleres y simulacros en calles, plazas y centros comerciales, donde pasa gente que nunca se apuntaría a un curso, es un día pensado para enseñar en la vía pública.
La secuencia que las guías repiten es sencilla y no requiere memorizar protocolos: comprobar que la escena es segura, valorar la consciencia y la respiración, empezar compresiones fuertes y rápidas en el centro del pecho sin interrumpirlas. Si hay un desfibrilador accesible, encenderlo y seguir sus instrucciones habladas, diseñadas precisamente para quien no sabe usarlo.
Aunque el temor más extendido es hacer daño, ante un paro, una hemorragia, una caída grave; no hacer nada no es una opción. Hay que llamar a emergencias, seguir sus instrucciones por teléfono, y evitar remedios heredados: ni sal en una quemadura, ni pasta de dientes, ni mover a quien sufrió un traumatismo, salvo que corra peligro donde está.
La importancia de los primeros auxilios es tal que estar informados, no perder la calma y aplicarlos de manera correcta puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
