Dos 11 de septiembre

Hoy es y seguirá siendo un día inolvidable, sobrecogedor, tanto al norte como al sur.

El 11 de septiembre y el atentado a las Torres Gemelas
El 11 de septiembre y el atentado a las Torres Gemelas
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El 11 de septiembre 2001 fue cuando ocurrió el ataque terrorista a las torres gemelas de Nueva York y al Pentágono de los Estados Unidos, y la efeméride tiene un amargo sabor porque en represalia Estados Unidos invadió Afganistán y desalojó del poder de ese país asiático al gobierno talibán, por haberlo convertido en refugio de bandas terroristas como Al Qaeda.

Amargo sabor porque la celebración de este 25 aniversario de aquel 11 de septiembre transcurre en coincidencia con el retorno al poder de los talibanes, por la precipitada salida de los soldados estadounidenses de territorio afgano y la vuelta por sus fueros del movimiento talibán, con el mismo fanatismo religioso y métodos terroríficos.

Pero al margen de este nada desdeñable hecho, el cual marca los gobernantes de turno y ensombrece la ocasión, hoy es y seguirá siendo un día inolvidable, sobrecogedor, para la sociedad norteamericana, porque aquel ataque fue un atentado contra la democracia occidental.

Coincidencia o azares de la vida, este 11 de septiembre también se cumple años el golpe de Estado militar en Chile y de la muerte de su presidente Salvador Allende en 1973, que tiene una connotación especial porque hace tres años que el Departamento de Estado de Estados Unidos desclasificó informes presidenciales que despejaron dudas sobre la connivencia de Richard Nixon y Henry Kissinger en la consumación de la asonada y la consolidación de la dictadura de Augusto Pinochet.

Tiene también de especial este aniversario que el presidente de Chile, José Antonio Kast, ha prohibido cualquier ceremonia o acto oficial de gobierno, y por primera vez desde 1990 el Ejecutivo no organiza una conmemoración oficial en esta fecha, lo que ha generado debates y críticas.

El derrocamiento y la muerte de Allende en el Palacio de La Moneda constituyen un baldón oprobioso para los amantes de la democracia, de ahí que la decisión de Kast resulta injusta y hasta inaceptable, porque altera el normal desenvolvimiento de las instituciones democráticas.

El de Kast es un gobierno electo por el voto popular, como lo fue el de Allende, posible por muchos años de lucha y sacrificio del pueblo chileno.

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